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15 de enero de 2021

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29 de noviembre, se cumplió un año más de la muerte del Presbítero Osvaldo Catena

30/11/2020

El pasado 29 se cumplieron 34 años del fallecimiento del Cura Párroco Osvaldo Catena quien dejó imborrables recuerdos en nuestra comunidad y a nivel país se lo puede recordar por ser quien le puso letra a la obra musical de Ariel Ramírez, conocida como Misa Criolla.

Osvaldo Catena, nació Mariano Saavedra, localidad de la Provincia de Santa Fe, el 13 de abril de 1920, falleciendo el 29 de noviembre de 1986, a los 60 años.

Recorrida virtual

Realizando una recorrida virtual por medios digitales, relacionados con la Iglesia Católica o portales que toman los relatos de algunos de los curas que vivieron y compartieron con Catena momentos inolvidables, se hace muy difícil poder elegir pocos párrafos para recordar al cura que transitara por las calles juarenses y hoy, aún perduran sus recuerdos en el corazón de los vecinos que lo conocen y reconocen como uno de los mejores hombres de Dios que pisó estas tierras.

Entre los relatos sueltos se puede ver que hay uno que es muy importante para que el Pbtro. Osvaldo Catena llegue a Benito Juárez en un momento interno del país, un tanto convulsionado y de riesgo para hombres de sus características: ese dato es que el Obispo de Azul era Monseñor Manuel Marengo, quien al igual que Catena y Mamerto Menapace, eran de la Provincia de Santa Fe.

Este último era una de las autoridades en un Monasterio de la localidad bonaerense de Los Toldos, hasta donde llegó Catena, luego de pasar por la Abadía del Niño Dios, en la Provincia de Santa Fe. Ultimo lugar de esa provincia que había tenido el privilegio de contarlo entre sus integrantes.

Mamerto Menapace un amigo-hermano de Catena

Mamerto Menapace, quien ha visitado nuestra ciudad en oportunidades de homenajes al Padre Osvaldo, señala que Catena era "un hombre con una enorme calidez humana, y una igualmente grande hondura espiritual".

Si bien Menapace y Catena eran santafesinos, no se conocían. Recién tomaban contacto directo en Los Toldos. Menapace recuerda de esas primeras horas "fui a la cocina, donde estaba cenando el recién llegado. Creo que en ambos hubo un primer sentimiento de incertidumbre, por no llamarse turbación o desconfianza. Él se encontró con una persona de 32 años a quien acababan de elegir como prior de 1a comunidad. Y yo me encontré con un gigantón que más parecía un descargador portuario que un cura del tipo que yo esperaba. Nunca nos habíamos visto antes. Aunque por supuesto, yo había sentido hablar muchísimo del Padre Osvaldo Catena. Porque se trataba de él".

Casualidad o Providencia

"Donde no está la casualidad, suele estar la providencia. Llámenla ustedes como quieran. Pero el caso fue que poco antes ya había estado hablando con un gran cura amigo del norte, quien me comentaba sobre figuras sacerdotales que habían sido decisivas en su vida. Y justamente me había confiado que el Padre Catena era uno de esos sacerdotes que siempre le habían significado un apoyo en su vivencia sacerdotal. Era un cura en el gran sentido de la palabra. Y el mismo sacerdote me había asegurado que en los momentos difíciles de su propio ministerio, Catena había sido siempre alguien a quien poder recurrir, debido a su enorme disponibilidad sacerdotal y su gran calidez humana. Sabía ser hermano de los curas, y éstos lo tomaban naturalmente por padre".

"Y ahora yo me encontraba con él de sopetón y frente a frente. Nos tuteamos de entrada. Pero por esa noche respetamos mutuamente el misterio que él traía y que yo intuía, sin necesidad de ser muy imaginativo para ello. Porque justamente unos días antes, en la prensa habían salido comentarios sobre situaciones difíciles que el Padre Catena habría tenido en Santa Fe debido a amenazas concretas contra su vida".

Una sincera charla de "nuevos amigos"

"A la mañana siguiente tuvimos una larga charla. Creo que fuimos ambos muy sinceros. Él traía autorización de su obispo Mons. Zaspe, y mi comunidad sería informada oportunamente. Quedamos en que se acogería en el monasterio por un tiempo prolongado, pero que su presencia aquí debería ser reservada en el máximo de discreción. Desde ese momento se llamaría simplemente PADRE OSVALDO, evitando el apellido, para guardar el mayor silencio sobre su presencia. Viviría en una celda de la comunidad. Tendría que evitar el contacto con los huéspedes. En el comedor tendría un puesto fijo entre los monjes. Y para pasear, fijamos una zona interna de nuestro parque a la que normalmente no tiene acceso la gente que viene de afuera, y que llamamos clausura. Sobre todo, habría que ser muy cuidadosos con extraños que preguntaran por él, o que pretendieran pedir informes pretextando ser de sus amistades", señala Mamerto Menapace quien sintió la responsabilidad de tener que cuidar de manera especial un hombre de Dios con ricos antecedentes humanos y espirituales. Tarea muy difícil y delicada, por aquellos días.

Menapace se sincera en su relato y recuerda "todo esto con cariño", - señala y agrega - "casi me río de mi ingenuidad. Con el pasar de las semanas, todas estas prevenciones un tanto pueriles de mi parte, se fueron esfumando". Y sobre el mismo tema deja una afirmación que tiene gran poder de descripción al hablar de Osvaldo Catena como humano y religioso: "Como dice el Señor: No se puede ocultar una ciudad edificada sobre un cerro. Y menos si esa ciudad tiene luz propia", Catena tenía luz propia.

Como Monje, Catena "simplemente vivió"

El Padre Osvaldo estuvo ocho meses llevando vida de monje ahí en Los Toldos. Menapace señala que responder sobre la vida que llevó a cabo "no sería muy difícil de dar a aquellos que tienen experiencia de nuestra vida. Simplemente vivió".

Agregando luego "cuando digo esto, digo más de lo que se podría pensar a primera vista. Porque generalmente no es fácil adaptarse a la vida monástica, y menos aun cuando se viene de un estilo de lo que se estaba haciendo. O más aún, la falta de todo aquello que a uno le suele dar un punto de referencia sobre sí mismo". Ahí se le cambió la vida diaria al Cura, a quien en esta nota recordamos.

En Los Toldos "no tenía a su lado a tantos amigos, tampoco tenía a mano sus relaciones con todo el ambiente intelectual que lo relacionaba con músicos, compositores e intérpretes ante los cuales su imagen inspiraba admiración y respeto. Tampoco podía expresarse en el apostolado con los más humildes", recuerda. "Ahí su alma de cura se realizaba quizá como en ninguna otra parte. Y sin embargo creo poder afirmar que, durante sus ocho meses de vida monástica, su alma no dejó de vibrar intensamente con todas estas realidades. Tengan absoluta seguridad que no vivió una evasión. Fue un solitario por necesidad y un solidario por opción".

En otra parte Menapace dice: "o que más me impresionó su inmediata comprensión de los valores de los demás, sintonizaba con la parte valiosa de cada uno de la comunidad y establecía un buen diálogo en ese terreno. Todos los que convivimos con él nos sentimos apreciados y valorados en algo que él nos ayudó a brindar y mejorar".

"Así nació el Grupo Pueblo de Dios. Aunque de esto serían otros los que podrían contar mucho más que yo. Estuve en aquella reunión histórica de la catedral de Azul en que nació este grupo de compositores y letristas de canciones para la liturgia. Desde aquel encuentro fue claro que todos los sentimos como nuestro Tata. Por eso ahora nos duele su ausencia. Pero de seguro que no nos ha abandonado. Nunca lo haría, aunque nos parezca que se ha ido lejos".

Recuerdo para el 29 de noviembre de 1995, recordación del Padre Osvaldo Catena, estuvo en nuestra ciudad Mamerto Menapace y él puso en palabras, dentro mío un gran respeto y admiración por ese hombre de Dios que recorrió las calles de Juárez con una verdulera para hacer música y una Biblia para dejar un mensaje de Dios.

Osvaldo Catena hace 34 años que se fue de viaje, no obstante, su música y sus actos se recuerdan entre los juarenses.

jcantero@elfenixdigital.com

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