Editorial

Muere el presidente de la democracia y nace la figura del estadista

03/04/2009 - 12:05

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Luego de ver y escuchar, en el día de ayer, las expresiones vertidas por un amplio espectro de la dirigencia política nacional e internacional, queda un aire irreversible de la consolidación de la figura de Raúl Ricardo Alfonsín como la de un gran estadista.

Su trayectoria, reconocida por una gran parte de argentinos, estaba todavía contenida en las expresiones de una mayoría, que al enterarse de su fallecimiento, actuó como impulsor de refrescar en sus mentes hechos de nuestra historia y ahí estaba Alfonsín.

En nuestra historia hay grandes hombres y los seguirá habiendo, estadistas y visionarios son y serán menos. Alfonsín es uno de esos pocos.

Su ideal, su quimera de lucha fue llegar a una democracia consolidada luego que desde 1930 se fueran sucediendo interrupciones periódicas de gobiernos constitucionales y gobiernos militares. La interrupción de 1976 debía ser la última.

Trabajó para recuperarla mediante mensajes que debían cobijar hasta las mentes más precarias, del valor y significado de que la democracia era la forma de vida que habíamos elegido.

No por algo en su campaña política pregonaba el Preámbulo de la constitución Nacional, “…con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino… “

Frases y conductas que nuestras maestras bien nos había enseñado, pero había dirigentes que no lo cultivaban y nos estaban haciendo creer que cuando un gobierno no gustara se lo debía cambiar prontamente y no mediante el voto nacional y popular.

Alfonsín agregaba “…con la democracia se come, con la democracia se cura, con la democracia se educa…”

Todo era para enmarcar y fijar en la mente de todos los argentinos un sistema y modo de vida.

Llegó a la presidencia de la Argentina porque el pueblo vio en el un representante digno y a la luz de los acontecimientos no nos defraudó.

Hoy llevamos 25 años de esta joven democracia, cada vez más sólida.

Sus valores de pregonar por el consenso, el respeto mas absoluto a todos, la ética y honestidad son otros de los ejemplos de este gran hombre.

En estas últimas horas todos hablan de Alfonsín, correligionarios, amigos, adversarios políticos, la prensa… Estos momentos de congojas para unos, son refrescos de hechos para todos.

Toda esta resonancia se irá aletargando lentamente para una amplia mayoría, pero quedarán muchos en vigilia permanente, que al menor amague de riesgo democrático, estarán azuzando a los primeros. Ahí despertarán y serán millones, ya que la semilla de la democracia fue implantada en cada uno de nosotros por quien hoy florece como estadista, Don Raúl Ricardo Alfonsín.


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