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25 de agosto de 2019

Locales

Chocleada Solidaria: Un faro para reflexionar sobre la fuerza colectiva

17/05/2019

Hace frío. El sol es un tímido rey del universo que intenta extender los brazos para abrazarlos. Hay bufandas cubriendo los cuellos, capuchas que intentan protegerlos de ese otoño que empieza a ofrecer las primeras bajas temperaturas, manos que se frotan tratando de generar la energía suficiente para emprender la caminata.

Una primera foto propuesta por Silvio Sanso intenta atrapar el comienzo de una jornada solidaria, pero solo será eso, un instante. Un instante de una sucesión de momentos formidables que mostrarán a niños y adolescentes trabajando por un otro sin rostro, anónimo, pero que está esperando esa mano y ese plato caliente de comida que vendrá a saciar no sólo el hambre del estómago sino también como una caricia de afecto a la distancia.

Son más de doscientos cincuenta jóvenes de nuestra ciudad que por un día han olvidado el uniforme y la pertenencia a sus instituciones para mezclarse, reírse y apoyarse en una cosecha del fruto que dará un montón de frutos, algunos más inmediatos y otros que resonarán en el alma, cuando dentro de algunos años, alejados de la revolucionaria adolescencia, asentados como adultos recuerden haber sido parte de un acto solidario.

Son ellos los protagonistas. Adolescentes que se han puesto los guantes para recoger el fruto del maíz como en los viejos tiempos, a mano, en bolsas. En poco tiempo y organizadamente la plantación cede ante la fuerza de lo colectivo y cede su fruto. De arriba, desde ese cielo en que los creyentes ubican a Dios y las nuevas tecnologías a pequeños drones que fotografían la vida, la cosecha parece el trabajo de las termitas. Y hay algo que emparenta la analogía, el alimento no se devora en el momento, se juntará para después, para cuando se necesite.

Un grupo de profesores prepara el almuerzo, un poco de energía para recuperar la que se perdió en el trabajo. Y será momento para la charla, el diálogo y el balance de lo hecho. Después cada uno volverá a su casa. Algunos padres preguntarán como fue ese día, otros seguirán ocupados en sus urgencias, pero nada detendrá la construcción del recuerdo, de la fijación en la memoria. Ha sido un día fuera de las cuatro paredes del aula que a veces parecen tótems que se dan la mano en las esquinas para apresar la energía adolescente. Ha sido un día distinto, con recreos sin más timbre que el de la voz del par recolectando el fruto. Una jornada para ayudar al Banco de Alimentos desde donde partirán platos de comida para abatir el hambre. Un día en que también el aporte de empresas ha sido dirigido a la Asociación Cooperadora de los Bomberos Voluntarios por voto democrático de los alumnos. 

El día se terminó. En el lote ha quedado el eco de la ebullición adolescente y una energía arrolladora que todo lo puede. Mientras el país se debate en una estúpida grieta que nos separa, nos quiebra, nos lastima y empobrece, las chocleadas se convierten en pequeños faros para no seguir chocando y hundiendo el gran barco que nos alberga contra los riscos de la costa de un mar que no encuentra calma.

Dice el escritor uruguayo, Eduardo Galeano que "la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo". Y me quedo pensando que la chocleada es sin duda una clara muestra de ello, un acto horizontal que implica respeto mutuo. Un evento que nos sana y nos ayuda a reflexionar sobre la existencia del otro.

jmiarussi@elfenixdigital.com


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