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28 de mayo de 2020

Locales

El encuentro

19/05/2020

por José María Iarussi

A mí se me hace que Borges no murió. No creería tampoco en un fantasma borgiano recorriendo el mundo de los espíritus esperando que una médium lo convoque en una mesa de falsos intelectuales. Pienso que en realidad se fundió entre las palabras de sus cuentos y poemas en una forma de existencia distinta y menos física que la terrenal.

Borges buscó la inmortalidad toda su vida. Su ceguera no era más que una metáfora, otra forma para expresar que ya no había más que ver de este mundo o esta dimensión. Dio pistas, creo artefactos como el Aleph desde donde todo se podía observar al mismo tiempo y encontró en espejos y laberintos una fórmula para la eternidad.

El cuento "El Jardín de senderos que se bifurcan" de Jorge Luis Borges es un perfecto mapa para entender la eternidad y la posibilidad de la multidimensionalidad de la existencia humana.  Allí, en ese texto magistral se teoriza sobre el tema, mientras el autor argentino pone de excusa la historia del bisnieto de Ts"ui Pên. "Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros. Absorto en esas ilusorias imágenes, olvidé mi destino de perseguido. Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo" dice Borges a través de los pensamientos de sus personajes.

Incluso en el nombre del cuento quizás estén los términos de la formula antes del igual que da vida al resultado. Jardín como espacio, senderos como dimensiones y el verbo bifurcar como la posibilidad real de miles de dimensiones viviendo al mismo tiempo. Del otro lado de esos términos que se suman, la eternidad como duplicación de la vida.

Mientras miraba la serie OA en Netflix que terminé ayer, la frase "el jardín de senderos que se bifurcan" que mencionan varios personajes en diversos capítulos me remitió inmediatamente a ese cuento. Y supe entonces que esta serie de ciencia ficción, de experiencias cercanas a la muerte y de la multidimensionalidad de la existencia es una temática que Borges vivió en carne propia.

Quizás esta serie no es otra cosa que una dimensión de las tantas en las que Borges decidió quedarse a vivir para ensayar otro Borges. Como dice en su cuento algo escrito por Ts"ui Pên en una carta "Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan". Y la eternidad prometida tal vez no sea el ansiado cielo o el maldito infierno sino ese jardín donde todos los caminos son posibles y no. 

Si pueden mirar la serie no dejen de hacerlo. Si pueden leer el cuento no dejen de hacerlo. La serie tiene la lentitud de la caminata de Borges luego de su ceguera. Sin embargo, eso permite ver con detenimiento cada detalle. Como si la descripción literaria del autor se hiciera carne en los paneos de cámara que no buscan los artificios de la cámara lenta para acentuar el dramatismo de los espacios y el tiempo.

OA siempre vuelve porque Borges le ha contado el secreto, el de la página final que remite a la primera, el de los laberintos que nos condenan a elegir o el de los espejos que multiplican nuestras maldades y bondades hasta el infinito.

 

Agradezco a una ex alumna, Valentina Chaves, que hace unos días me dijo: "OA es la serie que tenés que mirar" y fue una buena recomendación para volver a leer a Borges.


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