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20 de octubre de 2017

Notas de opinión

El trabajo, el gran ordenador social

03/05/2017

Por Juan Carlos Mortati* El pasado 28 de Abril, poco antes del inicio de su histórico viaje a Egipto, el Papa Francisco, envió un mensaje a los participantes de la sesión plenaria dela Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, en la que reflexiona sobre la justicia, la fraternidad y la importancia del trabajo considerándolo como el "ámbito donde la persona se realiza, un espacio que no puede convertirse en esclavitud".

El evento sobre la temática de las Ciencias Sociales tenía lugar en el Vaticano, durante los días previos a la celebración del día mundial por  el Trabajo y de los Trabajadores. La asamblea se abocaba a reflexionar sobre el título: "Hacia un sociedad participativa: Nuevos caminos para la integración social y cultural".

El Pontífice alertaba  sobre una problemática muy actual, que configura uno de los desafíos más intensos del mundo laboral, que "cuando el trabajo ya no es expresión de la persona, porque ya no incluye el sentido de lo que está haciendo, el trabajo se convierte en esclavitud; la persona puede ser sustituida por una máquina".

La realización individual en lo social

La reflexión de Francisco da una vuelta de tuerca más sobre el concepto y las implicancias del trabajo  expresando, que "el trabajo justo es el que no sólo garantiza una remuneración justa, sino que corresponde a la vocación de la persona y por lo tanto es capaz de desarrollar sus capacidades. Precisamente porque el trabajo transforma a la persona, el proceso de producción de los bienes y servicios asume una valencia moral". Esa mirada que señala el Pontífice, contiene una consideración amplia en el terreno de lo social y en la dinámica de la misma estructuración de lo laboral. La mayoría de los logros y conquistas en el ámbito laboral se sustentan  precisamente,  en esa valoración   del trabajo que fortalece la dignidad humana.

 Francisco avanza y se explaya sobre esa idea, expresando "en  otras palabras, el lugar de trabajo no es simplemente el lugar en que se transforman determinados elementos, de acuerdo con ciertas reglas y procedimientos, en productos; es también el lugar en el que se forman (o transforman) el carácter y la virtud del trabajador".

El Papa subrayó asimismo que "el reconocimiento de esta dimensión más fuertemente personalista del trabajo es un gran desafío que todavía está frente a nosotros, incluso en las democracias liberales (progresistas?),    donde incluso los trabajadores han logrado conquistas notables".

El riesgo del individualismo

El Santo Padre también alertó sobre las corrientes de pensamiento actuales  que propician "el individualismo libertario en la cultura y la educación, que "minimiza el bien común, es decir, el ?vivir bien?, la ?vida buena?, en el marco comunitario, y exalta un ideal egoísta que engañosamente invierte las palabras y propone la ?buena vida?".

"Si el individualismo afirma que es solo el individuo el que da valor a las cosas y a las relaciones interpersonales y por lo tanto, solamente el individuo decide lo que es bueno y lo que es malo, el libertarismo, hoy tan de moda, predica que para fundar la libertad y la responsabilidad individual se deben recurrir a la idea de auto-causalidad". 

Este pensamiento adquirió intensidad desde el advenimiento de la post modernidad,  que se fue gestando desde la  post guerra, hace ya unas décadas,  donde una idea de "des-estructuración" del universo  social, de  lo comunitario,  tomo intensidad.

En lo que hace a la  corriente político-social  lo vimos sobre los ?70- ?80, donde un intervencionismo rígido estableció el debilitamiento de los Estados  y el universo social. América latina lo vivió con la secuencia de golpes militares, desde mediados de los ?70.  En los ?80, el llamado Consenso de Washington, conjuntamente con la seducción de la Globalización, buscó desnacionalizar los Estados, buscando que las distintas comunidades desaparecieran en una  unificación,  solapando  un desmesurado  interés imperialista, descartando la diversidad, la pluralidad, la identidad de los estados.

En su manifiesto el Papa Francisco remarca nítidamente que, "La radicalización del individualismo en términos libertarios, y por lo tanto anti-sociales, conduce a la conclusión de que cada uno tiene el ?derecho? de expandirse hasta donde su potencia se lo permita incluso al precio de la exclusión y la marginación de la mayoría más vulnerable". 

El orden social

   Se ha repetido insistentemente que  el  trabajo es el gran ordenador social.  El factor que permite que cada uno  adquiera su realización en medio de una sociedad que también se realiza. 

Categóricamente, la Declaración universal de la  Organización Universal del Trabajo (OIT) , en su Preámbulo considera que las desigualdades y  las injustas condiciones laborales  "constituyen una amenaza para la paz y armonía universales; considerando que es urgente mejorar dichas condiciones".

En el final de su declaración  a la Asamblea de Ciencias Sociales, el Papa Francisco, refuerza la necesidad de incorporar una mirada cristiana sobre la problemática del trabajo. Es fundamental que esa actitud  "reine en nosotros y entre nosotros", afirma  y agrega  que,  desde esa integridad seremos unos para otros "instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad", que como lo enfatizó durante su viaje a Egipto: "esta caridad es el único extremismo permitido".


**Intendente de B. Juárez en el período 1987-1991 por el partido Justicialista, ex concejal y actual Secretario de Adoctrinamiento del Frente para la Victoria del partido justicialista



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