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20 de octubre de 2017

Notas de opinión

Juárez, 1874-1875

24/08/2017

Por Patricio Díaz Pumará* Foto 1: Francisca Romana Tapia y Aguirrezabala Tolosa 1857 - 19... Buenos Aires Foto 2: Marcos de Asurabarrena y Usaviaga Guipúzcoa 1847 - 19...Buenos Aires

 1875 es un año importante para Juárez. Ese año se instalaron en el ejido del pueblo las primeras familias. No eran tiempos fáciles, nada que se le parezca. No había árboles, no había leña, no había tampoco electricidad ni combustible, los malones eran frecuentes, no había fuerzas de seguridad. La pampa salvaje, casi virgen, dominaba la perspectiva de aquel incipiente caserío. En ese contexto llegaron las dos primeras mujeres que formaron las dos primeras familias de Juárez. Dos hermanas Francisca y Cristina Tapia. Tiempito antes y para ir construyendo las casas habían llegado los que serían sus consortes Marcos Asurabarrena y Mariano Urquiola. Ellos son protagonistas centrales del libro "Alborada al Sur" donde describo las peripecias accidentales que hubieron de sortear en esa durísima etapa. Resumo a continuación la descripción imaginaria que hago del momento de su trabajoso arribo a Juárez. Venían de una España convulsionada por la tercer guerra de las denominadas "carlistas". Llegaron desde el Azul en carreta tirada por bueyes. Francisca, mi bis-abuela, tenía apenas 16 años. Cristina había  enviudado joven y cargaba con dos hijos pequeños, Ignacio y Martín. Produce hoy escalofrío pensar en el reto que asumieron dejando el lejano País Vasco. Imagino la emoción del pulpero, frente a los tiempos que avizoraba sobrevenir al contemplar los rostros femeninos recientemente llegados. Parte del capítulo 48 dice así:


 "Serían las tres de la tarde cuando avistaron la blanca columna de humo que salía de unas construcciones que se divisaban al sudoeste, el sol apretaba fuerte, los bueyes mañereaban para acelerar el paso, habían partido al alba, llevaban casi diez horas de marcha. Durante el viaje el asombro de las chicas por las enormes serranías que iban dejando hacia el sudeste, era grande. 

-"La Tinta"-dijo con aire de erudición Mariano cuando le preguntaron el nombre de ese formidable paredón serrano que se levantaba a mano izquierda, y de a ratos parecía tomar un tono francamente azulado 

Lentamente se acercaban, el calor se hacía sentir, el sol daba de frente y casi no había viento, a no ser por una brisa suave del este, que, al llevar el mismo rumbo que el convoy no se sentía. Parecía mas una calma chicha.

 Eleuterio, el único que venía montado, decidió adelantarse. Aflojó imperceptiblemente las riendas e hizo un leve ademán hacia delante con el cuerpo, el overo arrancó con un galopón suave y hamacado.

-Le viá pegar el grito a don Lucio, ¡que prepare lah cacharpah! -dijo a Pablo, quien asintió con la cabeza.     

 Al rato estaban mateando en el alero de la pulpería, los más chicos impacientes por conocer su nueva casa, tironeaban a la madre para que apuraran la descarga de los bártulos; entre los mayores el espíritu era de saludar y semblantearse, sabiendo que la sobrevendría una larga y estrecha convivencia.  

       Lucio miraba con atención y deslumbramiento a las forasteras, imaginaba que tendrían por delante una dura tarea para domar esa llanura completamente solitaria. Sentía, no obstante, que su propia silenciosa soledad se iba terminando y presentía que eran los primeros pasos de un largo camino ineludible, la lenta población del incipiente vecindario. Eso lo emocionaba, era el primer paso de un gran cambio, un cambio largamente esperado, por muchos, muchos días, muchas noches, noches largamente solitarias. 

-Es un día histórico ?dijo, como al descuido para disimular su emoción y acercando un mate a Pablo- las primeras damitas que sientan sus reales en este pago?

-¡Humm! ?casi gruñó Pablo- ¡ansina ay?ser numahh!

-Se acabaron las tristezas, -dijo Mariano a Lucio con su habitual optimismo- y la tranquilidad, ¡ahora vas a tener que  proveer la casa! Nada de que no tengo, que hay que esperar la galera o el carguío del Azul, ¡a no olvidarse!

-¡Juá, juá! Como si juera tan fácil, vos tenés que hacer el pedido con tiempo, si no ¡vas a tener que aguantar a la patrona! ¡que no tengo esto!, y, ¡me falta aquello!

-Bueno- terció Cristina en tono amable tratando de hacer cumplidos- tampoco es para tanto. Se que no vengo a una población llena de almacenes y boticarios.

 La voz sonó para Lucio como una bendición, no era la primera mujer que se sentaba en ese banco del alero, pero escuchar su voz, verla, junto con su hermanita, sabiendo que se instalaban para siempre, arregladas con sus vestidos de gasa, su miriñaque, sus rodetes y prendedores, le pareció casi irreal. Tantos y tantos años en ese yermo hostil, solo, acompañado por los rústicos sonidos del tero, el chajá, el zumbido del pampero, los relinchos, ¡el malón! Aventó rápido el pensamiento, prefirió llevar la charla a una humorada.

-¡¿Qué paseo?! ¿no? Cortito, como viraje e?laucha. Fue, salir de Tolosa y llegar a Juárez ¿o no?

 Todos rieron, llevaban más de seis meses en viaje. La ocurrencia de Lucio aflojó la timidez  y empezaron las charlas mas intimas.

-¡Espero les gusten los chalets que les han preparado sus maridos! ¡Creo que no se llueven! Al menos hasta ahora.

-Si, hace rato que no llueve -dijo Marcos, siempre realista y agudo. 

-¿Será por eso? ?dijo Lucio mirando a los costados, y otra vez provocó animadas sonrisas.

El mate seguía corriendo; nadie percibía que, ni Francisca, ni Cristina aceptaban el amargo. Estas en su timidez de recién llegadas no atinaban a pedir nada; fue Marcos, quien con su  inquietud, todavía intacta, miró de golpe a Francisca y le dijo en tono compasivo 

-¿Paca no tomas mate tu? ¿no?

-Si ¡hombre! -contestó con suficiencia- ¡pero dulce! Así, amargo, como  ustedes, todavía no me acostumbro.

 En realidad la intención de Marcos era encontrar un pretexto para sugerir ir yendo para sus casas, por eso añadió


-¡Como gusten!

Pablo se levantó del banco frailero, apoyando ambas manos en su zona lumbar dobló la espalda entre quejidos, al tiempo que desentumecía sus huesos y músculos, maltratados por el traqueteo del pescante. 

-Voy a ladiar lah carretah pa? tu rancho - le dijo a Mariano entre dientes- endispueh al tuyo ?dijo mirando a Marcos. Salió a las chuequeadas hacia la carreta y llamando a Ramón, avanzó hacia la primera yunta; tomando el cabresto llamó a los bueyes punteros por sus nombres, estos, lentamente, empezaron a desplazarse haciendo sonar las enormes ruedas."


 La pulpería de Lucio Rivacova, primera construcción del ejido urbano de Juárez estaba emplazada en la actual manzana circundada por las calles Libertad, Pavia, Catena y Zabalza. Rodeada por una excavación a modo de trinchera contra el indio, corrales de palo a pique y mangrullo, tal como lo describen los primeros pobladores. Marcos Asurabarrena había construido su casa a metros de allí, en la actual calle Zibecchi. Casa que aun conserva parte de su estructura, probablemente de las mas antiguas en pié. Puede verse incluso un roble plantado por el mismo Marcos.    


 *Médico Veterinario

Profesor Titular Biotecnología de la Reproducción


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