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16 de junio de 2019

Notas de opinión

La cuadratura del círculo

27/01/2018

Por José María Iarussi

Allá por el año 1984, se decía que un viejo profesor de geometría de la Facultad de Exactas de la Universidad de Tandil estaba en el camino de descubrir un viejo problema de ciencia: la cuadratura del círculo.  Distintas enciclopedias coinciden en definir a la "cuadratura del círculo como el problema matemático irresoluble de geometría que consiste en hallar con solo regla y compás un cuadrado que posea un área que sea igual a la de un círculo dado". 

Parece que este problema, uno de los tres problemas clásicos de la antigüedad que los griegos no pudieron resolver geométricamente mediante la construcción de líneas rectas y círculos, excepto por aproximación, es una buena parábola para entender la encrucijada en la que se encuentra la educación Argentina desde el retorno de la democracia.  


¿Derechos o beneficios?

¿Quién pierde en experimentos sin método? ¿Quién queda afuera del mundo cuando se ensaya con realidades que no existen? Los que siempre pierden son los alumnos, los niños, las generaciones presentes que mañana estarán al frente del país en distintas actividades. Quizás, uno de los grandes inconvenientes sea que aquel lema que tanto se repite, "los niños primero" sea solo eso, unafrase.

¿Cómo cree usted que se acomodan las horas de los profesoresde secundaria? ¿Cree que es para beneficio de los alumnos? ¿Cree que es para beneficio del tipo de materia? No. En numerosas ocasiones las horas se acomodan para que uno u otro profesor pueda tomar horas en otro colegio. 

¿Usted cree que un alumno puede resistir 60 minutos de atención seguida? No. La neurociencia ha probado que la capacidad de atención de un alumno de 13 años, como máximo es de 15 minutos. Entonces cómo fue que aquellas horas de 40 a 45 minutos de los años 70 a 80 se saltó a una hora cátedra de una hora. 

En ambos ejemplos, lo que intento explicar es que la política educativa y gremial desde que tengo uso de razón sigue pensando en los adultos que la integran y no en los alumnos. Y cuando sucede esto el objetivo de la educación se pierde en luchas de poder que tergiversan el valor de la palabra derecho para convertirlo solo en una búsqueda de beneficios.

Si seguimos beneficiando a los adultos en detrimento de los alumnos estamos en el camino errado. 


Alumnos o conejillos de indias

Cuando se decide reprogramar un plan o política educativa existe un grupo de alumnos cuyo sentido es la experimentación. Será el azar del nacimiento el que determine que un niño o adolescente entre justo en el año de la reforma. Pero el peligro para cualquier generación es cuando el devenir político convierte a las aulas en un centro de experimentación permanente donde vale probar cualquier modelo importado. Nuestro país es en ese sentido la cabeza del ranking. 

Durante año nuestros magisterios, nuestros profesorados han formado a sus alumnos con textos cuyos ejemplos son de alumnos franceses, españoles, brasileros. ¿Aprende lo mismo un alumno de Francia que un alumno Argentino? ¿Es la misma realidad la del niño del conurbano español (si es que allí tienen algo parecido) que del conurbano bonaerense? La respuesta nuevamente es no. 

Cuando la cifra escalofriante de la UNICEF asegura que casi el cincuenta por ciento de los niños de la Argentina es pobre (cifra junio 2017) no podemos pensar en importar modelos extranjeros para solucionar problemas educativos de la Argentina. Lo cierto es mientras la clase dirigente, de todos los partidos políticos, no se haga cargo que han sido los grandes artífices de esas cifras de la pobreza, nada que se intente en un aula dará resultado. 

Un niño que no come, un adolescente violentado por la pobreza, que en nuestro país es uno de cada dos,  no puede alcanzar los objetivos que se propone el sistema educativo. Las aulas no hacen magia, las aulas no deben ser convertidas en comedores o consultorios psicológicos. Las aulas deberían ser espacios donde los alumnos se embarquen en la aventura de aprender porque entiendan que eso los hará libres. No sirve un método belga, español o del congo para salvar de la exclusión a un niño argentino. Mientras no solucionemos el problema social los intentos de la educación caerán en saco roto. 


La cuadratura del círculo

Hace años que lo vengo diciendo, cuando se incorporó la palabra "inclusión" en la educación se pensó que era meter niños o adolescentes dentro de las aulas. Pero inclusión es mucho más que eso. Inclusión es pensar en el otro, en la diversidad, en entender que no todos tienen el mismo ritmo y que a veces la exclusión social influye en el rendimiento de los alumnos dentro de las aulas.

Si no podemos entender que la obligatoriedad de la escuela secundaria de la mano de una inclusión mal interpretada o vociferada solo como discurso político es inútil, estaremos condenando a las próximas generaciones a vivir en una sociedad con cada vez mayor diferencia de oportunidades.

La educación puede salvarnos si comenzamos a pensar en serio en los niños y adolescentes. Todos tenemos una cuota de responsabilidad pero la mayor la tienen los que eligieron ser dirigentes y representarnos. La pobreza no es responsabilidad de un solo gobierno, sino de todos los que nos han gobernado en los últimos años. La lucha contra la pobreza no se hace con reparto de dinero o alimentos, se hace generando las condiciones necesarias para que todos o la gran mayoría pueda valerse por sí solos. Eso es el primer paso para que las aulas puedan convertirse en una oportunidad y no en una guardería. Quizás debamos alejarnos de los experimentos, de las recetas de los burócratas de turno,de problemas como la cuadratura del círculo, es decir, ir por fórmulas más simples como que para "educar al soberano" primero hay que garantizarle una vida digna.


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