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19 de abril de 2019

Locales

La risa como defensa para la tragedia humana

15/04/2019

El punto final de una historia que te conmociona es el abismo para la reflexión. Querrás escapar, pero ya es imposible. Los relatos en carne de los actores empujaron a pensar si la risa salió de las entrañas o fue simplemente un mecanismo para defendernos del horror y la barbarie de las cuatro historias presentadas por el grupo de teatro Te La Verás Con Los Martínez el último fin de semana.

Bajo la dirección de la profesora de teatro Martina Di Luca y la asistente de dirección Lucrecia Allamano, los actores Marianela Aróstegui, Paula Ciminelli, Juan Pablo Goñi, Alejandra Moyano, Ángelica Olivera, Tamara Seltzer y Milagro Solís dieron vida a historias que tuvieron como plataforma el auditórium Molina Campos del Centro Folklórico El Sombrerito.

La movilización del público de sus asientos, más de una vez, fue una jugada acertada como propuesta teatral. La cercanía con los actores coinvirtió al espectador en cómplice de los terribles actos cometidos o al menos, en una vivencia a flor de piel. 

La música fue el tubo de oxígeno necesario para asomar de las profundidades a esas cuatro terribles historias de desesperación, desencuentro, locura y muerte. En las tres funciones de este fin de semana mostraron sus interpretaciones  Mauricio Silva, Federico Bustos y en la del sábado a las 22 Ricardo Rodríguez y Marcelo Chiodi.


"Bajas"

En la primera historia "Bajas", Tamara Seltzer, Ángelica Olivera, Alejandra Moyano y Juan Pablo Goñi desnudan el terrible encierro que enfrentan humanos en un Call Center de una empresa de cable e internet. Quizás, el humano no pueda escapar nunca del mito de la caverna de Platón que se repite una y otra vez a lo largo de la historia, esta vez en ese pequeño reducto de reclamos y sugerencias telefónicas. La voz in crescendo desde atrás del público de Angélica Olivera adquiere protagonismo a través del cuerpo de Tamara Seltzer, que sorprende por llevar adelante el camino al miedo atroz. Todo se completa con la insolidaridad de una compañera de turno interpretada por Alejandra Moyano y un déspota, pequeño y miserable jefe encarnado por Juan Pablo Goñi. Real y terrorífica, "Bajas" nos muestra la actual violencia generada desde el hartazgo de un consumidor de servicios que es víctima y victimario. Y no hay telón que se cierre, sólo queda caminar entre los muertos.


"La prudencia"

El público pasa a una habitación de techos bajos. Allí dos ancianas, interpretadas por Paula Ciminelli y Milagros Solís, nos conducen por el camino de la soledad, la enfermedad y la amargura que produce sentirse inseguros en estos tiempos. La aparición de una tercera mujer, aparentemente amiga, en pleno festejo del año nuevo conducirá a un cuadro de locura, desesperación y muerte. El trabajo de las actrices es impecable. Las voces y la actitud corporal se acercan con peligro al público, el sonido de los fuegos de fin de año es apenas una interferencia que completa una escena de la que es difícil escapar. La tragicomedia de la vida en una especie de ático que genera claustrofobia termina de cerrar una actuación que no tiene nada de prudencia y si un desparpajo que nos deja pensando hasta donde llega la mente humana.


Marcelo y Ricardo

Hay necesidad de oxígeno que nos salve del horror y  la tragedia humana. Totalmente acústico, iluminados por algunos soles tímidos del techo, Marcelo Chiodi en flauta y flauta traversa junto a Ricardo Rodríguez en guitarra y voz dan su pequeño concierto de cuatro canciones. Música latinoamericana que da vida a una cueca, un vals, una zamba y una chacarera de la mano de eximios músicos. Las canciones son caricias para desbaratar el horror de las historias recién contadas. Marcelo recuerda el paso por el Centro Folklórico El Sombrerito de  Raúl Carnota y Atahualpa Yupanqui, dos de los autores de las canciones que interpretan y dice "debemos cuidar este lugar que ha dado tanto. Por aquí han pasado grandes músicos". Luego toma la flauta traversa, y con sus dejos maneja las llaves que liberan el aire, esa ventisca de melodías que buscaran encontrarse en vuelo con las notas de las cuerdas de la guitarra que empuña con pasión Ricardo Rodríguez. Y entonces la música se apodera del lugar y no hay más que dejarse atravesar y sentir.


"La fugitiva"

Martina Di Luca y Juan Pablo Goñi interpretan con sus cuerpos el tema musical de Agustín Lara, La Fugitiva. Es un cuadro de expresión corporal donde la plasticidad y manejo del escenario de los dos actores dan vida a la letra de la canción que llena el auditorio de melancolía, amor, tristeza, despedida, lejanías. Por momentos los cuerpos de ambos protagonistas se besan en abrazos suaves y cálidos para después arrancarse uno del otro como quien desprende una planta de la tierra. No hay sangre ni armas visibles, sin embargo, esos cuerpos ataviados de prendas blancas y cremas completan de dar vida a la canción, esa que en algún momento expresa "la fugitiva sensación de un beso largo que huye/ la fugitiva sensación de un beso largo que se me escapo". Sin fisuras ambos actores llevan adelante un precioso acto de expresión corporal que llena el espíritu de sentimientos cruzados.


"La gallina degollada"

Una cosa es leer el terrible cuento de Horacio Quiroga publicado por primera vez en "Cuentos de amor de locura y de muerte", en 1917, "La gallina degollada" y otro es verlo representado. Marianela Aróstegui, Juan Pablo Goñi y Angélica Olivera componen con maestría sostenida y desgastante trabajo corporal, a tres niños discapacitados que se mantienen en un rincón de la sala tirados a la suerte de una existencia olvidada. El desprecio se sube a escena y adquiere su máximo punto de éxtasis cuando el resto de los actores devorados por él éxito de la salud, claramente mostrado en la alegría de la supuesta normalidad enfrentan un terrible descenlase. Alejandra Moyano es una cansada empleada doméstica que barre a cada rato los restos de una humanidad perdida. Milagro Solís, que sorprende por su actuación, encarna la voz de una conciencia que está en el cuerpo de los otros, esos otros que en la actualidad asistimos a crímenes injustificables. Tamara Seltzer representa a la madre de cuatro hijos que se ata a la normalidad para escapar de un destino que ya no soporta. Su actuación transita por la felicidad, la apatía y el horror en pocos minutos. Y le pone el cuerpo y su voz para soportar un personaje antipático y criminal. Paula Ciminelli le pone voz a una muñeca de trapo que actúa como marioneta desde sus manos y el cuadro se hace tan creíble que al igual que en el cuento, uno se queda con la sensación amarga de la existencia de seres terribles que verifican que la realidad supera la ficción.

Te La Verás Con Los Martínez

La propuesta teatral fue excelente. La música, la puesta de luces, el cambio de escenarios terminaron de cerrar un muy buen espectáculo cuyo ley motiv era el horror, la desesperanza, el miedo, la barbarie y la muerte. La risa pobló algunas de las escenas aunque solo fue un mecanismo de defensa para alejarnos de lo que todos sabemos que pasa a nuestro lado: sea en la claustrofóbica jornada laboral de un call center, en la extraña sensación y el disparo mortal del miedo ante la inseguridad, en el beso que se fuga sin despedidas o en esa perfección humana que desecha los inválidos. Te La Veráz Con Los Martínez lograron sin cerrar el telón, porque las heridas abiertas son perfectas para hacernos recordar, empujarnos al abismo de la reflexión. Entonces se lo ganaron. Un plaplaplapla (aplausos) sostenido y de pie para ellos.


jmiarussi@elfenixdigital.com


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