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16 de junio de 2019

Notas de opinión

Necesitados de luna

03/02/2018

por José María Iarussi

Hace ya un par de años que los fenómenos climatológicos y naturales severos no solo son noticias desgraciadas sino que se convierten en verdaderas vedettes de la TV. Los equipamientos tecnológicos con que cuenta la ciencia atada a satélites que pueden rastrear el nacimiento y camino de las tormentas, tornados u otros acontecimientos dan ventaja para preparar las cámaras, al reportero.Incluso dan tiempo para preparar una publicidad  que anuncie que lo van a transmitir en vivo paradójicamente cuando muchas de esas furias naturales desparraman cantidad de cadáveres. 

Por si eso fuera poco nuestro morbo, que a esta altura de la civilización ya no tiene límites, colabora para que el rating de esos fenómenos alcance números altísimos que doblegan la apuesta para el próximo fenómeno climático o natural.Nadie duda a esta altura que el planeta parece enfurecido,pero televisadola furia parece aún mayor. 


Noteros

El escritor Federico Andahazi decía en una entrevista con Luis Novaresio que "el gran drama del ser humano es que tiene partes de su cerebro aún arcaicasy maneja tecnologías del futuro, muchas veces mortíferas". Quizás en esta frase encontremos parte de la respuesta a tanta devoción por los acontecimientos climatológicos y naturales aun cuando sus consecuencias sean terribles. 

No hace mucho tiempo atrás se viralizó un video casero de un señor apoyado sobre un alambrado con la tormenta atrás. Poco tiempo después nos enteramos que el hombre no la pasó tan bien porque aquello que parecía lejano se acercó rápidamente y casi acaba con todo. La tecnología de punta puesta en la mano de la mayoría de los mortales (celulares) nos convirtió en cazadores de tormentas, tornados, inundaciones, maremotos, terremotos llegando a arriesgar la propia vida. 

Quizás como nuestros antepasados más cavernícolas la naturaleza y su furia sigue siendo el foco de nuestra atención, solo que ahora también podemos grabarla, retenerla y compartirla. Numerosos programas de TV se nutren de estas filmaciones caseras que dan rating sin tener que pagar un solo peso sabiendo que ese minuto de fama que dan al autor vale más que un millón. 


Siguiendo la luna

Vivimos un tiempo de poco tiempo y los satélites son perfectas paredes donde las publicaciones en redes sociales encuentran el eco para repetirse hasta el cansancio. Eclipses, lluvia de estrellas y otros acontecimientos celestiales adelantados con mucha anticipación producen también grandes movimientos periodísticos.

Pero un caso especial, en este mundo interconectado es el fenómeno viral en que se convirtió la luna. El satélite natural de la tierra es motivo de programas enteros y de grandes espacios en el noticiero.  Los súper telescopios, las tecnologías espaciales y satelitales han permitido que tengamos calendarios para observar distintos acontecimientos lunares. Por ejemplo el 31 de enero de este ocurrió un eclipse lunar total (que no se vio en la Argentina, pero si fue transmitido en vivo desde otras latitudes), día que se produjo también una Luna de Sangre Azul, un acontecimiento único que se produce cuando un eclipse total lunar, la Luna de Sangre, coincide con la segunda luna en el mismo mes, fenómeno conocido como Luna Azul.Y claro fue anunciado con varios días de anticipación.

Quizás la humanidad este en un punto de hartazgo y haya emprendido el camino de sus antepasados más lejanos, aquellos que encontraban en la naturaleza el lenguaje de una religión que los castigaba o bendecía. Quizás la misma TV que hoy hace grandes negocios con estos acontecimientos, esté, sin darse cuenta, dándonos la llave para regresar a un espacio menos contaminado, más natural y celestial.

Estamos necesitados de luna pero no acercada por el telescópico o la cámara. Estamos necesitados de una luna más natural y lejana. Una que nos despegue del morbo de los desastre naturales que miramos con la intensidad con que observamos un partido de fútbol. Una que se devore todos los satélites y nos aleje por un rato del resto. Una que podamos contemplar en soledad. Una que pueda devolvernos el gusto por la poesía.  Una que pueda detener nuestros pasos para que nos llegue el sueño contemplándola y se apaguen las lámparas para dejarla brillar. Estamos necesitados de luna, quizás una como la que eternizó Chavero en su canción cuando escribió: "Yo no le canto a la luna /porque alumbra nada mas/ le canto porque ella sabe/ de mi largo caminar" (Luna Tucumana).


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