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18 de enero de 2019

Política

Otra forma de ver la grieta

02/01/2019

Por José María Iarussi Para Suplemento Anual 2018

Miro el empedrado. Intento recopilar algunas historias que se cuentan sobre su instalación como parte del progreso que en su momento significó para el erigido urbano de nuestra localidad y después observo el pavimento, esa lengua del futuro que lo va cubriendo todo con su gris o azulado. 

Al pueblo le quedan pocas cuadras de empedrado. Pocas con esos cubos mágicos que sacados una y otra vez por el avance de otras obras subterráneas se convierten en pequeños monstruos que desarman las carrocerías de los autos o destartalan la mejor bicicleta. En una novela que escribí ya hace unos años atrás, Réquiem para un pueblo chico" el personaje, un empleado de la funeraria decía en primera persona: "cada vez que salía de la sala velatoria para mi casa, me preguntaba por qué el pavimento no había llegado a esta calle. Después de algunos años, el empedrado comenzó a resultarme simpático. Descubrí que ese ejército de piedras redondeadas era la última prueba a la que el muerto se enfrentaba para decidir si quedarse o partir al otro mundo. Cuando me tocaba conducir el auto fúnebre lo hacía de manera que se sacudiera lo máximo posible; no quería quitar la última oportunidad de regreso".Sin embargo, seríamos hipócritas si no le reconociéramos el valor de escurrimiento en caso de copiosas lluvias que posee un empedrado con sus canales de tierra. Seguramente el futuro dejará una calle de empedrado como testigo, como pieza de museo de un pasado que se aleja irremediablemente.

Detener el progreso es imposible. La rueda que se puso en marcha con la industrialización y luego, en una segunda revolución, con la tecnología informática es imparable. Nada detendrá el pavimento, la búsqueda por alisar un mundo que acelera su paso o sus vehículos que en 10 años más surcaran los cielos.

Gran parte del progreso vino de la mano del capital. Salvo raras excepciones, los progresos que muchos disfrutamos vienen asociado al capital. Somos en gran parte, hijos del capital. Aun, aquellos que luchan contra el capitalismo salvaje lo hacen de las manos del capital. Pero más allá de esta discusión que encontrará mis detractores, pienso que desde que tengo uso de razón (algunos pueden discutir si la tengo o no) la pobreza estructural, la verdadera vergüenza humana, son solo dos palabras más en el discurso de la dirigencia mundial. Son los pobres estructurales y lo han sido también en nuestro país parte del discurso de izquierda, centro y derecha sin excepciones. Más populistas, más capitalistas, más de centro derecha o más de centro izquierda, no han podido contra ese flagelo humano, porque de ese mismo flagelo se han servido para llegar al poder. Aprovechando la ignorancia, la desesperanza y la desesperación en que la pobreza estructural hunde a las personas, dirigentes de distintas fuerzas, durante los últimos 50 años (que es lo que he vivido) han emparchado la situación, han visto en esta grieta que comienza allá en los años de unitarios y federales una oportunidad para seguir teniendo el poder.

"Lo importante es mantener a la masa con la panza llena y el bolsillo contento" se escucha decir. Migajas señores, migajas de demagogias que no acabaron, ni acabaran con la pobreza estructural. La verdadera revolución contra esa pobreza está en la educación, en un acuerdo nacional de políticas duraderas a más de 30 años. No importa el color del partido que este en el poder, se necesita con urgencia un acuerdo nacional que deje de lado las apetencias personales de poder, de fueros salvadores o justicias irracionales. 

Mientras ese acuerdo no llega, mientras esa política nacional de antes y ahora se devora las esperanzas de los de más abajo me queda la esperanza de las pequeñas repúblicas donde sea posible convivir en paz. Me queda la esperanza de los municipios, tierras más chicas para gobernar y ponerse de acuerdo. Ojalá el 2019, año eleccionario, no convierta al querido pueblo en una batalla campal donde la verborragia verbal aumente más esa grieta que nos exportan las administraciones nacionales y provinciales.

Ojalá nuestro pueblo vuelva a ser ejemplo, como de otras tantas cosas, de una convivencia verdaderamente democrática. Que las elecciones no nos enfrenten y nos alejen del verdadero camino de bienestar. Que la contienda electoral no sea solo un debate para exponer al otro sino para mostrar lo que cada candidato tenga para ofrecer.

La famosa grieta que divide a gran parte de nuestra sociedad ha generado un grado de intolerancia capaz de arrasar con amistades, familias, y todo lo que ese abismo pueda devorar. Días pasados, al preguntar sobre la obra que se había en la calle 9 de Julio del cambio de cañerías de aguaun vecino me decía que se piensa pavimentar todo esa calle, como se hizo en su momento con la calle Alte. Brown. Y rápidamente salió el debate sobre pavimento o empedrado, si era tan necesario borrar así un pasado que nos identifica. La discusión comenzó a acalorarse, se subió el tono, y pasó lo que pasa actualmente, ninguno de los dos se escuchaba. Y cuando perdemos la capacidad de escuchar al otro, si nuestra única satisfacción es disfrutar de lo mal que le va al otro, si nuestra única manera de vivir es tratar de borrar al otro,  como sociedad estamos perdidos.

Quizás sea una esperanza tonta. Pero confío en mi "patria chica", en que podamos hallar en las diferencias, en la palabra de los otros caminos para seguir construyendo un pueblo que  siga creciendo como hasta ahora. No se trata de empedrado o de pavimento, no se trata si verde o celeste, se trata de bajar la violencia de nuestra verborragia y nuestras acciones para encontrar quizás una convivencia democrática sustentable.  Quizás podamos alcanzar alguna de las tantas máximas enunciadas por Benito Juárez que decía que "libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar... La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos."  Que así sea.


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