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20 de octubre de 2017

Notas de opinión

¿Para qué sirven las Ciencias Sociales?

13/03/2017

Por Silvana Gómez* El CONICET transita por estos días un cambio drástico. Las nuevas políticas implementadas intentan imponer al mayor organismo de ciencia en nuestro país, un rol técnico y aplicado. En ese contexto, nos preguntamos qué sucede con las Ciencias Sociales y consultamos a dos investigadores juarenses al respecto.

El CONICET transita por estos días un cambio drástico. Las nuevas políticas implementadas intentan imponer al mayor organismo de ciencia en nuestro país, un rol técnico y aplicado. En ese contexto, nos preguntamos qué sucede con las Ciencias Sociales y consultamos a dos investigadores juarenses al respecto. 

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas se encuentra en una coyuntura de transformación. Persisten las viejas disputas por las condiciones de becarios (personas que realizan un doctorado o una formación posdoctoral) quienes no acceden a obra social ni aportes jubilatorios, aunque en la gestión anterior se haya avanzado sobre derechos como el de maternidad que no fueron del todo reglamentados. Respecto a los investigadores, desde el año pasado se hizo público un conflicto cada vez más acuciante: la imposibilidad de muchos de ellos de formar parte de la Carrera de Investigador Científico (CIC). 

Durante el 2016, se decidió que las vacantes para CIC serían reducidas a la mitad: ello es, de todas las personas formadas con un Doctorado y una formación posdoctoral (un período de siete años luego de otros cinco que implica en promedio una carrera de grado universitaria) las oportunidades de consolidarse como investigador se vieron empequeñecidas drásticamente: solamente existen 450 vacantes. El 50 % de esas vacantes son destinadas para los llamados Temas Estratégicos, que responde al Plan Argentina Innovadora 2020 y concentra proyectos del sector agroindustria, energía, salud y ambiente. La otra mitad, 225 lugares, son repartidos entre las grandes áreas del conocimiento internas de CONICET: Ciencias Agrarias, Ingeniería y Materiales; Ciencias Biológicas y de la Salud; Ciencias Exactas y Naturales y Ciencias Sociales y Humanidades. 

De esta manera, un cientista social ve reducidas sus posibilidades de la siguiente forma: para el área "Ciencias Sociales y Humanidades" habrá unas 56 vacantes en Carrera del Investigador.Como ese área está compuesta por unas 19 disciplinas son alrededor de dos puestos por disciplina los disponibles: sólo dos historiadores, dos sociólogos, dos politólogos, etc. podrán acceder. Aunque el CONICET es conocido mundialmente por tender a la excelencia académica, dos vacantes por año en una disciplina no lo torna competitivo sino inaccesible. A las claras esa política muestra lo que la Dra. Dora Barrancos, directora del área del conocimiento Ciencias Sociales y Humanidades, ha calificado en sus últimas apariciones públicas como de "panorama muy crítico". Barrancos fue, dentro del Directorio,la única persona que votó en contra esta repartición de los puestos disponibles. 


La situación del CONICET en la perspectiva de dos investigadores de Benito Juárez. 

El juarense Dr. Mauro Cristeche, investigador del CONICET con categoría asistente, es uno de estos cientistassociales. Permanecer en Carrera le demanda como al resto de los científicos, aprobar informes anuales (en los cuales exponer que efectivamente se encuentra trabajando de manera sistemática y bajo parámetros de excelencia conformados por comisiones de especialistas). Sobre la situación actual del organismo, nos expresa que "si bien es sabido que el CONICET es absolutamente competitivo, donde el personal está sobrecalificado y ha pasado muchísimas instancias de concurso, se ha iniciado una campaña pública acerca de investigadores útiles e inútiles". Se tratade "una oficialización del ajuste" como es llamado por los distintos becarios e investigadores que se encuentran en estado de movilización, como es el caso del Dr. Cristeche. Rechazan el plan iniciado por la nueva gestión y están dispuestos a interpelar a la sociedad respecto a sus investigaciones.

No se trata, entonces, sólo de una reducción presupuestaria. Estamos en presencia de un embate a la ciencia en general, y las Ciencias Sociales, en particular.Teniendo en cuenta la apertura de sesiones legislativas producidas el 1 de marzo y el inicio del llamado a carrera que debió producirse el año pasado, becarios e investigadores en distintos puntos del país realizaron Ferias de Ciencias con el objetivo de "acercar a la sociedad el carácter estratégico del sector científico y socializar las características de este conflicto, los ataques que está sufriendo la ciencia, nuestras reivindicaciones y un planteo programático sobre el sistema científico para lograr que esté más orientado a las necesidades de la población y no reducido simplemente a que un puñado de empresas se queden con esa formación de años y conocimiento acumulado", afirma Cristeche. 

La Dra. Mónica Blanco vive en Benito Juárez, es investigadora adjunta del CONICET y dirige un centro de investigación. Blanco considera que la situación actual del organismo "nos atrasa más de 15 años en debates que se vinieron dando fuertemente al interior del CONICET" donde se apuntaba a un proceso de industrialización que "no implicaba solamente el desarrollo de las áreas tecnológicas o de las ciencias aplicadas en sí sino del amplio arco del conocimiento científico donde obviamente se incluyen las Ciencias Humanas". Debates intensos permitieron "el reposicionamiento de las Ciencias Sociales que implican, como otras ciencias, el desarrollo de un conocimiento básico, que no necesariamente es un conocimiento que tenga una transferencia inmediata pero que es fundamental para generar los recursos humanos esenciales que nos permitan pensar la sociedad desde una visión crítica."

Hace pocosdías, el ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, en un reportaje a la Revista Noticias fue tajante en el descrédito a las Ciencias Sociales. "Si quieren investigar en historia medieval que lo hagan en las universidades. El CONICET no es una agencia de empleo, no puede ser que miles de becarios vean al CONICET como la única alternativa para una carrera estable". 

La visión de Barañaoobtura la de los científicos sociales dedicados a examinar el mundo de forma crítica o al menos implica que en el CONICET no hay lugar para estas ciencias. Al mismo tiempo, nos interpela: ¿qué importancia tiene el estudio de nuestra sociedad y qué intereses pueden revelarse cuando se analiza por qué están siendo bastardeadas? En un país donde la pobreza, la marginación, la violencia o los problemas en el sistema educativo y en salud pública se han vuelto estructurales hace décadas, desconcierta que lo que subyaga sea la tensión entre gasto-inversión. Que no se entienda, aún hoy, que los problemas sociales deben ser estudiados y resueltos por personas dedicadas a las Ciencias Sociales en el mayor organismo que promueve la investigación en la Argentina. Sorprende ?además- que Barañao no tenga la intriga de aquel niño que preguntó "Papá, ¿para qué sirve la Historia?" frase con la que el medievalista Marc Bloch daba inicio al "Oficio del Historiador" y servía como punto de partida para una consulta que podría extenderse a las restantes Ciencias Humanas. Porque quizás no sea tanto el desconocimiento de para qué sirven sino para qué se las hace servir. 


*Silvana Gómez: Profesora y Licenciada en Historia (UNCPBA). Doctora en Historia (UNLP). Docente Universitaria (FCH). Fue Becaria Doctoral CONICET. Desde abril de 2017, pertenecerá a la instancia posdoctoral de CONICET. 


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