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10 de agosto de 2020

Locales

Salón de los Testigos de Jehová: El salón invisible

13/02/2020

por José María Iarussi

Hay calles signadas a ser recordadas por el algo en particular. La sola mención de  Falucho nos remite en Juárez a la funeraria y todo el peso que eso conlleva. Pero hace aproximadamente un mes, en esa calle donde el empedrado centenario y escondido guarda mares de lágrimas y broncas por los que han partido, se demolió y erigió un nuevo salón de la fe en Benito Juárez.

Mientras el mundo parece ser devorado por el individualismo y la violencia, algunas muestras de trabajo colectivo renuevan la fe en la especie humana. Y eso es lo que pasó en la calle Falucho, donde los Testigos de Jehová levantaron en poco más de un mes su nuevo salón de reuniones. Pasé varias veces por allí, como habrán pasado varios juarenses y no podía dejar de ver como la obra se levantaba rápidamente después de la demolición. Eran hombres y mujeres, más de 70 por día, que organizadamente levantaban su propia salón para la reflexión y las lecturas de la Biblia.


La obra

Mientras los Testigos de Jehová siguen terminando los últimos detalles de la obra, Mario Jaurena y Martín Rueda nos comentaron detalles del trabajo que comenzó el 20 de diciembre luego de la demolición del antiguo "Salón del reino" como le denominan.

Jaurena nos comentó que esto de renovar los lugares de reunión se va haciendo en distintos lugares del mundo y es la primera vez en Benito Juárez. "Somos todos Testigos de Jehová que colaboramos en la construcción" y agregó que "trabajamos todos juntos, todos con un objetivo claro. Entendemos que nuestra adoración a Dios, Jehová como lo menciona la Biblia, esto que hacemos es un lugar donde queremos rendirle adoración y entendemos que necesitamos un lugar digno y que cumpla con las normas de seguridad que la ley espera."

Rueda por su parte señaló que "a diferencia de un trabajo seglar común, aquí todos nosotros somos voluntarios. Es decir, estamos aquí todo el día porque queremos hacerlo. Eso es lo que hace que haya un espíritu tan lindo en el lugar y que han podido apreciar todos los vecinos".

Rueda explicó que "hay un grupo de construcción que también son voluntarios y testigos de Jehová que están acostumbrados a hacer este trabajo. Ellos se trasladan de lugar a lugar para hacerlo y la mano de obra en general son los Testigos de Jehová locales y de la zona. Todos hemos aprendido muchas cosas en la obra".

Mientras recorro la obra con un casco que me han prestado por seguridad (Todos los que trabajan también lo portan) me preguntó si en realidad, más allá de la obra, del salón que parece surgido de la magia por el tiempo que tardó en realizarse, no estoy ante un gran acto de fe. Entonces le preguntó a Mario si a veces no resulta difícil explicar con palabras la fe y él me contesta que "la describe muy bien la Biblia. En el libro Hebreos, Capítulo 11, allí el primer versículo dice que la fe es estar absolutamente seguro que algo va a ser realidad aunque no lo veas." Y agrega que una explicación más sencilla sería "vos compras un terreno y vas a la escribanía y allí te dan un título de propiedad en su escritorio. Y ese papel, aunque no veas el terreno te asegura que lo tenés en un determinado lugar de Juárez. La fe sería como esa escritura pero de algo que va a suceder".

Durante este tiempo de la obra "alquilamos un lugar donde seguimos haciendo las reuniones habituales de los jueves 19.30 horas y los sábados también. Las reuniones son públicas y cualquier vecino que quiera acercarse puede hacerlo. En ese mismo lugar al mediodía se armaba un comedor para que todos los que estuviéramos disfrutando de hacer este salón tuviéramos nuestro almuerzo" señaló Jaurena, quien agregó que "trabajar es una forma de decir porque esto es algo que nos caracteriza que es predicar las buenas nuevas. Porque predicamos las buenas nuevas porque es parte de nuestro servicio sagrado que le rendimos a nuestro creador. Este mes hemos estado un poco menos visitando a los vecinos porque esta obra es parte de ese servicio que hacemos con gusto".

Jaurena explica que "cada uno de nosotros tiene una familia, un alquiler que pagar, nuestro trabajo, por eso con tiempo organizamos nuestra vida económica seglar para poder cumplir con esta obra". Martín y Mario han estado en otras ciudades de la provincia de Buenos Aires colaborando con trabajos similares. Ambos señalan que "estamos acostumbrados a trabajar en equipo".


El salón invisible

Las palabras se vacían de contenido ante los hechos. Durante la entrevista numerosas veces mencioné la palabra templo a lo que los Testigos de Jehová denominan salón del reino, pero nunca hubo problemas para entendernos que hablábamos de lo mismo. Quizás, más allá del asombro por esta obra que en menos de dos meses se levantó de la nada (la construcción en seco permite estos tiempos), me quedé con la idea de lo invisible, de eso intangible que nos hace humanos. Ese espíritu, alma, energía o como quieran llamarle que nos pone en marcha, que nos embarca detrás de sueños colectivos que nos cambian, nos movilizan y concretan proyectos.

Me quedó con la sonrisa debajo de los cascos de todos los que estaban haciendo su servicio sagrado, con la vieja idea de todos para uno y uno para todos. Me quedó con la paz y el gozo de los entrevistados por lo que allí estaban construyendo. Me quedó con la idea de ese salón invisible que le da vida a nuestro cuerpo, ese lugar donde nuestras alegrías y tristezas, nuestras creencias y culturas cohabitan para dejarnos ser lo que deseamos ser. 




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