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22 de marzo de 2019

Notas de opinión

Un año más del nacimiento de Evita

07/05/2018

Por: Juan Carlos Mortati

Hay momentos, tiempos especiales, en que se  vuelve una necesidad  apasionante  recrearse  desde la vivencia de testimonios profundos,  valorables desde su influencia  contundente en lo cotidiano,   por  la fuerza de su dinámica transformadora en lo que constantemente  nos proponemos. La impronta de esa  instancia que nos  aflora   resplandeciente  es la imagen, real, pura, intensa, que sigue siendo Evita. Y esa percepción se vuelve inmensa  cuando la realidad nos muestra  un desarrollo tristemente opuesto a lo que se vivió en otro añorado tiempo.

No es retrotraerse a un recuerdo efímero e ineficaz. Al contrario,  es recuperar  desde una nostalgia que enriquece,   vivencias que atraviesan  las circunstancias para confluir en   hechos que  trascienden, perdurables por su alcance, dignificantes por su contenido.

"No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad social, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social. Aunque para darle un nombre aproximado yo le he puesto ése. Para mí, es estrictamente JUSTICIA", refrendaba categóricamente Evita, acerca de la obra que se realizaba desde la fundación que llevaba su nombre.                                                                                            En esa comprensión radicó su osadía por desafiar lo que,  en medio de una etapa en plena ebullición social,   parecía todavía extraño, impropio. Desajustado de la las lógicas asistencialistas hasta entonces.

Ni siquiera rompió moldes. Al contrario, estableció estereotipos  puros de igualdad social, construidos  sobre el sentido insigne de la dignidad, aquel que permite la funcionalidad no sólo de existir, sino además, de realizarse a si mismo en el contexto de una sociedad que también se realiza a través de sus logros, sus vicisitudes y sus conquistas. 

En ese temerario afán de  superar límites, los propios y los de la realidad que plantea la construcción histórica, le fue la vida. Quizá su exuberancia y su prodigalidad desmedida acortaron el despliegue natural  que nuestros proyectos pactan dribleando los laberintos del  destino, entre el alcance de los sueños y la efectividad  de sus consecuencias.  Lo que habitualmente apelamos como logros marcados por la exigencia de los resultados, y el triunfo.

Cuantas piezas se entrelazaron, buscando un engarce espléndido,  entre el  7 de mayo de 1919 y  el 26 de junio de 1952, en escasos y fraguados 33 años. Mucho más corto fue su tiempo junto a Juan Domingo Perón y los que acariñó como sus "cabecitas negras". Escasos 7 años. En la dimensión del tiempo, apenas un flash, un relámpago. Pero esa fugaz   existencia  alcanzó para mostrar cual  es la intensidad de la entrega, cual el alcance de la misión política cuando el valor, infinitamente  humano, es el otro. Y cual  la contraseña para sensibilizar  amor, en la  visibilidad de la  necesidad aquerenciada  en los derechos de los desheredados de la historia: "Donde hay una necesidad existe un derecho".







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