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16 de noviembre de 2018

Recordando a Don Mario A. Bilbao Un batallador por ideales democráticos, republicanos y federales

04/05/2009

Por Hugo A. Beain

La partida de Don Mario Bilbao a 30 días de la desaparición de Don Raúl Alfonsín nos lleva a trazar un parangón en sus vidas políticas y su lucha por la democracia.
Quienes conocimos a Don Mario, sucumbimos a una retórica impregnada por la dignidad de las instituciones y su partido del alma, la Unión Cívica Radical.
Su accionar desde nuestra ciudad como en la sexta sección electoral, fue senador provincial, le permitió acompañar y participar junto a los grandes dirigentes nacionales.
Orgulloso acérrimo del partido político que lo cobijó desde muy joven, podríamos decir que la primera mitad de la historia del partido Radical la conoció por la lectura y la otra mitad, por ser uno de los protagonistas.
Recordar su actuación en los momentos en que la actividad política estaba prohibida muestra su entereza del principio democrático a costa y riesgo del mismo.
En el corredor abierto de su humilde establecimiento rural, muchas y diversas reuniones se cumplieron en esa época. A veces con el único objetivo de un accionar planificado por la entereza moral del partido, para luego poder volcarlo en los ciudadanos e ir allanado el camino a una recuperación de la democracia que se cumplió en 1983 y luego por su consolidación.
En ese entonces, algunos optaban por un exilio que después lo considerarían con derecho a cobrar compensaciones por el “desarraigo” y otros por “borrarse” o llamarse a reserva en alguna provincia del interior y emerger cuando todo fuera seguro.
Otros hombres como Don Mario, se quedaron y solventaban personalmente el accionar. En esos tiempos muy difíciles de la Historia Argentina, ponía como señuelo un tractor frente al cargador de la entrada de su campo y ahí era donde debían entrar disimuladamente desde el Dr. Arturo Umberto Illia, (ya ex presidente, derrotado por los militares), Ricardo Balbín, Antonio Trócoli, Juan Carlos Pugliese, Raúl Alfonsín, dirigentes zonales, como así también un grupo reducido de militantes locales entre los que se encontraba mi padre.
Eran momentos de riesgo que se corrían solamente en la lucha por principios y donde los balances económicos daban siempre negativo. Nadie de los mencionados empezando por el anfitrión, sufrió dudas sobre la honestidad en la visión más amplia que permita el término. Eran de ese grupo de políticos que hoy reclama la sociedad: practicantes del diálogo y portadores de principios sólidos.
Mi recuerdo como hombre de familia se remonta a la época en que actuaba en la comisión de padres del Colegio de la Inmaculada Concepción y coherente con su perfil, fue exigente pero cariñoso.
Su dedicación de horas, días, madrugadas y viajes en un Falcon de color algo indefinido para distintas gestiones que lo obligaban a estar ausente de su casa, no me consta que fuera objeto de reproche ni de su señora ni de sus hijos. Indudablemente se sentirían orgullosos de su vocación cívica y hoy mucho más ya que fue un artífice por llegar a la democracia que gozamos.
Practicó un apostolado de segunda línea que no mella su docencia cumplida con dichos y hechos. Apadrinaba sin recelo a cuanto joven se incorporara a su partido político. Muchos abrevamos esos ideales y hoy lamentamos con congoja su ausencia. Nos tocará a nosotros vivir otros momentos difíciles de la historia argentina y lo mismo les ocurrirá a nuestros hijos y nietos. Pero mientras existan hombres de la talla de Don Mario Bilbao, Argentina tendrá un futuro de crecimiento y dignidad para sus habitantes.
Con su fallecimiento, Juárez pierde un ejemplo de un batallador por ideales democráticos, republicanos y federales.

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