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16 de noviembre de 2018

Locales

"Debajo de cada adoquín que nosotros pisamos hay otra historia"

31/10/2016

Un nuevo año, un nuevo aniversario, ya casi 150 desde su fundación...

Un nuevo año, un nuevo aniversario, ya casi 150 desde su fundación. Los festejos afloran 

desde todos los rincones. Si bien Benito no es mi ciudad natal, es mi vida y la de casi toda 

mi familia. Parte de ellos, Di Luca-D?Annunzio, llegaron aquí desde 1894, luego de 

atravesar, durante tres meses, el océano Atlántico a bordo de un barco, como tantos otros lo 

hicieron. El recuerdo más recurrente, contado por mis bisabuelos, es que aún, en ese 

momento, no se encontraba totalmente construida la torre de la Iglesia "Ntra. Señora del 

Carmen".  Hoy, este edificio, sigue dando que hablar, desde su restauración y puesta en 

valor como parte del patrimonio local. 

Es así que, buscando hacer volver el tiempo atrás, pero de un modo no nostálgico, recurro a 

alguien que ha vivido y observado mucho más tiempo a nuestro Benito a través de su pasión 

de escribir. Ella, Delia Ojeda, reflexiona, como es su costumbre, antes de hablar, y comenta, 

apaciblemente, sus recuerdos. Las calles polvorientas, esos saltos de piedra que en su 

momento no se pensó en la posibilidad de cambiar. Hoy, ellos sobreviven sólo en los barrios 

más alejados, con un aliento agonizante frente al asfalto que avanza a pasos agigantados.  

Un sonido muy frecuente y característico de las calles era el sonido de los carros tirados por 

caballos, un movimiento propio del pueblo. Algún vestigio aún queda, en aquellas argollas 

que podemos encontrar en los cordones de vereda. Sería conveniente que estos 

permanecieran en sus lugares, ya que es una buena manera de tener presente el tiempo que 

paso. Las casas también tuvieron otras formas que daban muestra de otra vida en sus 

paredes frontales.

Se han dejado atrás los comercios de aquella época, los recordados negocios de "ramos 

generales". Ellos ofrecían tantos productos que en un punto no tendrían nada que envidiar a 

los supermercados actuales. Delia recuerda uno de ellos, muy cerca de su casa, "Almacén La 

Perla", hoy esquina Sargento Cabral y 25 de mayo. Entre sus servicios no sólo había 

comestibles e indumentaria, sino también, arreglos de carros, venta de kerosene y de leña. 

Había "descansos" para aquellos que llegaban desde lejos, a fin de poder comer y beber. Y 

cuantos otros fluyen en la memoria, el "Almacén El Globo", etc. De estos sólo quedan 

algunas fotos o recuerdos muy ínfimos.

Y surge, a raíz de la ubicación de estos locales, el cambio de nombres a las calles. Por 

ejemplo, Sargento Cabral es una continuación de la calle Mariano Moreno. Lo mismo 

sucedió con la Av. Alsina hasta que parte de ella se convirtió en Av. Libertad, y todas las 

demás. En aquellos momentos el pueblo fue un poco resistente para aceptar y adaptarse a 

este cambio. 

Otros lugares han desaparecido en pos del progreso, y para muchos ha sido una perdida 

lamentable, como el siempre recurrente "Prado Español". Lamentable en términos de 

espacio cultural-social y de belleza. Delia menciona el trabajo de ornamentación que 

realizaba allí su abuelo. El mismo consistía en escribir en sus jardines la palabra "Prado 

Español" con flores. Los recuerdos surgen así, desordenados, como se los caracteriza.

Cada cosa se ha ido modernizando y toda la ciudad ha ido aceptando ese cambio. Ese 

Benito Juárez viene avanzando y está bueno que esto pase. El progreso es una impronta que 

no se detiene. Estamos comprometidos a cuidar la ciudad e ir avanzando con ella. No 

quedarse en esa nostalgia de que lo otro fue mejor. Se pueden citar muchos pueblos, dentro 

de la provincia, que se aferraron a lo tradicional y a los recuerdos y están corriendo el riesgo 

de desaparecer, púes no tienen una juventud que continúe haciendo ya que han abandonado 

esos lugares en busca de nuevos horizontes. 

En Benito hemos visto ese cambio, ese progreso. Un ejemplo más que claro, según Delia, es 

la Estación de Ferrocarril. Cuantas vivencias se han tenido junto al tren, cuantos juegos, 

cuantas personas queridas han sido recibidas o despedidas mientras estos se mantenían en 

circulación por las vías. Pero hoy la estación está brindando otro servicio que la comunidad 

necesitaba, está siendo un centro cultural y educativo.

Los establecimientos educativos han venido persiguiendo el progreso. Delia recuerda la 

escuela de la Hermanas Azules como centro educativo para mujeres y luego el Colegio 

Nacional que abrió un camino para que los varones pudieran estudiar, ya que muchos se iban 

a otros institutos para continuar sus estudios.

Las luces y los carteles, todo nos indica, a su modo, que en la ciudad hay evolución. Se lo 

ve a Benito creciendo siempre, con personas que quieren hacer, que son promotoras de 

ideas, que dan empuje a varios proyectos. En algunas ocasiones se percibe un 

estancamiento, pero se está en continuo devenir y de ello no hay dudas, púes las pruebas 

están a simple vista.

Y por último, llevar el nombre de Benito Juárez, nos ha marcado y nos marca. Ya es sabido 

el origen de este prócer mexicano, que siendo de condición humilde y perteneciendo a 

pueblos originarios, supo capitalizar toda su situación y avanzó en su camino llegando a ser, 

no solo profesional, sino presidente de una nación. Benito Juárez, una ciudad que al igual 

que el líder zapoteca se va superando día a día.  Al pasado hay que acompañarlo con un 

presente que tenga futuro para todos. 

 

Elizabeth Claudia Cobeaga D"Anunzio 


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