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En la oscuridad, los sentidos son nuestra brújula

Por Florencia Menna

4 de diciembre de 2024 09:53:00

Era mi día libre. El sol del mediodía bañaba el camino entre los árboles, invitándome a recorrer la reserva natural que tanto había admirado en el autobús. Con una mochila ligera, me lancé a la aventura, con ganas de perderme en la inmensidad de la naturaleza. Lo que nunca imaginé... es que me perdería.

El bosque siempre me había parecido un lugar mágico, un refugio donde perderme y encontrarme. Sus árboles centenarios, sus senderos sinuosos y el canto de los pájaros creaban una atmósfera de paz y tranquilidad que me reconfortaba. Todo era hermoso hasta que el sol empezó a declinar. La belleza del atardecer, que antes me fascinaba, ahora se convirtió en un presagio de lo que estaba por venir.

Tenía la naturaleza ante mí. El aire fresco y húmedo llenaba mis pulmones. La naturaleza pura, con algunas intervenciones de artistas sobre árboles caídos, le daban al lugar un toque exquisito.

Otras personas paseaban, sacando fotos como yo, algunas con binoculares para avistar desde los refugios a las aves que allí habitaban. Pasaron las horas, entre fotos, caminatas, aire fresco y observación de aves hasta que, en un momento dado, noté que comenzaba a oscurecer. Mirando la hora en mi celular, noté que la batería estaba muy baja y que, en unos minutos, se apagaría. Así que decidí emprender el camino de regreso a la entrada, después de todo, ya había disfrutado plenamente del lugar. ¡Y ahí comenzó mi pesadilla!

Noté que ya había pasado por la misma escultura de madera unos minutos antes. El camino, resbaladizo por la escarcha, me llevaba en círculos. El miedo se apoderó de mí como una sombra que se alargaba a cada paso. Mi corazón latía como un tambor en la noche, y mi respiración se agitaba.

El silencio era ensordecedor. Lo único que podía escuchar era el crujido de las ramas bajo mis pies y el murmullo lejano del viento entre los árboles. No había visto a nadie más desde hacía un rato. ¿Me habían dejado sola allí? Un escalofrío recorrió mi columna. Decidí llamar al número de teléfono que aparecía en el mapa que me habían dado en la entrada para avisarles que estaba sola, con el móvil a punto de apagarse y sin encontrar la salida. El miedo se apoderó de mí cuando la batería de mi móvil se agotó y la oscuridad envolvió el lugar.

El olor a tierra húmeda y a hojas en descomposición se intensificó, envolviéndome en una atmósfera angustiosa. Traté de recordar el camino que había tomado, pero mis pensamientos se dispersaron como las sombras que se proyectaban a mi alrededor. Pensé en los animales que podrían estar acechando en la oscuridad. Cada crujido de una rama, cada susurro del viento me ponía en alerta. ¿Qué pasaría si decidían atacarme? Caminaba "a ciegas" y eso agudizaba aún más mis sentidos. Una espesa niebla comenzaba a surgir del lago, que pronto se extendería al resto del lugar, dificultando aún más la visión.

Traté de mantener la calma, pero con cada graznido o movimiento entre las plantas, mi corazón se aceleraba. Al pasar por uno de los refugios de madera, pensé que, si no lograba salir del lugar, pasaría la noche allí. Después de todo, supongo que sería seguro, ¿no?

La soledad y la oscuridad se apoderaron de mí. El camino parecía eterno, y la esperanza, frágil como la niebla, se desvanecía con cada minuto que pasaba. Hasta que, a lo lejos, vi un par de luces haciendo movimientos en el aire. Entonces, comencé a caminar en esa dirección. A medida que me acercaba, las luces seguían llamándome hasta que escuché voces que me llamaban. Levanté los brazos y comencé a agitarlos y a gritar: "¡Aquí! ¡Aquí!". Sentí como si una ola de alivio me inundara. Sus voces, antes lejanas y débiles, se hicieron cada vez más claras y cercanas. Al verlas, mis ojos se llenaron de lágrimas de gratitud. No podía creer que finalmente hubiera una salva. En ese momento comprendí lo afortunada que había sido.

Desde entonces, cada vez que entro en un bosque, llevo conmigo el recuerdo de esa noche. Fue una experiencia que dejó una profunda huella en mí y me enseñó el verdadero significado de la resiliencia. Todos hemos vivido momentos de oscuridad en nuestras vidas, en los que nos hemos sentido perdidos y solos. Pero es en esos momentos cuando descubrimos nuestra verdadera fuerza. Y aunque cada uno de nosotros tiene su bosque interior por explorar, todos compartimos la capacidad de encontrar la luz al final del túnel.

¿Qué hubieras hecho tú en mi lugar si tuvieras que enfrentar una situación similar?

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