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Educación no es hablar de desigualdad

No es un tema fácil de tratar, mucho menos lo es cuando es un tema tripartito, con un ambiente muy polémico que arrastra a los hombres y mujeres que en el futuro serán nuestros profesionales. Quienes deciden solo nos hablan de salud al límite para decidir, porque, dentro de todo, se ahorran explicaciones que ni ellos consideran en profundidad.

6 de junio de 2021 00:06:00

Los protagonistas directos son nuestros estudiantes. Y, a la luz de los sucesos, parece que, son tenidos en cuenta en forma global, porque analizando más finito, son muchos los perjudicados por el sistema educativo de emergencia, donde en relación al resultado, los docentes son exceptuados ya que cumplen con lo que les ordenan desde el Ministerio.

En nuestro caso, en una ciudad pequeña, esa falla en el sistema puede ser más fácil de evitar o minimizar, porque "nos conocemos todos" y "aflora la solidaridad de vecinos". Siempre alguno aparece para que nuestros chicos utilicen los mismos medios, aunque en algunos casos es inevitable que existan marginados en el sistema de estudio, cuando hablamos de "presencialidad" o "virtualidad". Esta última es quien margina y complica en gran manera. Incluso hasta puede darse como un pequeño aporte a la deserción escolar.

¿Qué está sucediendo?

Vale aclarar que en este caso no estamos buscando generar "más debate". Sino que estamos señalando que, aún bajo la misma modalidad, existe una insalvable diferencia que debe considerarse y evitarse: que no se resienta la calidad educativa.

Días pasados un medio nacional se hizo lugar para estudiar en forma individual, casos de educación desde la virtualidad. Aún en el mismo sistema de estudio existe una diferencia enorme que en el resultado final termina perjudicando.

Se tomaron dos casos de estudiantes bajo la modalidad virtual. Solo varía en que uno de ellos estudia por computadora y otro lo hace mediante celular utilizando WhatsApp.

"En 2020, (las clases presenciales) estuvieron suspendidas desde el 20 de marzo, cuando se desató la pandemia. Santi y Cristian son parte de los 3.856.690 niños bonaerenses que desde el 19 de abril no asisten a clase ante el avance de la segunda ola de coronavirus, pero la concentración y el disfrute con que los dos niños encaran el ejercicio de plástica es casi la única coincidencia entre sus jornadas educativas".

"Dentro del universo de chicos con clases virtuales existen experiencias muy diversas, y las de ellos dos están en las antípodas. La casa de Santi tiene patio y pileta, buena conexión a internet y abundancia de dispositivos desde los cuales conectarse a sus clases. Sus padres -ambos profesionales- están capacitados para ayudarlo en la tarea y su colegio privado, el San Lucas, cuenta con la infraestructura y el personal adecuados para la virtualidad. Extraña a sus amigos y dice que quiere volver al colegio, pero su agenda escolar está cargada de encuentros a través de la pantalla con maestros y compañeros".

"Cristian, en cambio, duerme en un cuarto con sus ocho hermanos, su madre y su padrastro. Su entorno familiar es contenedor y trabajador, pero carece de los medios básicos para educarse a distancia. Comparten la conexión a internet con el vecino, no tienen computadora y hay un solo celular en la casa, que suele quedarse sin memoria por la cantidad de archivos de los 27 grupos de WhatsApp a los que llegan las tareas de todos los hermanos. Va a la Escuela Secundaria 67, de Villa Fiorito".

"Los dos son chicos queridos y cuidados, pero el amor de la extensa familia de Cristian no es suficiente para paliar la enorme brecha de desigualdad que ya existía, pero que se acrecienta con la pandemia".

Cristian y Santiago, ambos 12 años, en acción

El objetivo buscado por el medio nacional era ver a lo largo de una jornada completa cómo la inequidad está impactando de manera dramática en la calidad de la experiencia educativa. Las diferencias son brutales.

"Santi participó de cinco encuentros virtuales que siguió por la computadora durante una jornada escolar de seis horas. Su día fue solitario, pero intenso. Tuvo intercambios con sus maestros y algunos, menos, con sus compañeros. Careció de la riqueza que se genera en el aula y en los recreos, pero estuvo en contacto con contenidos educativos de calidad. Cuando tuvo dudas consultó a sus docentes. No necesitó en ningún momento la ayuda de su mamá, Victoria, ni de su papá, Joe".

"Para Cristian, en cambio, fue mucho más difícil. Dedicó unas tres horas a hacer tareas, pero no participó de ningún encuentro virtual con sus maestros, ni con sus compañeros. Tuvo que conformarse con tratar de cumplir las consignas enviadas desde la escuela al celular, muchas de las cuales no entendió".

"Su madre, María, estuvo gran parte de la jornada sentada a su lado tratando de ayudarlo, pero no siempre lo logró. Ella solo estudió hasta séptimo grado. Su padrastro, Ricardo, lo apoyaba y alentaba, pero nunca estudió y no está capacitado para asistirlo en las tareas".

Mal de muchos...

Los problemas de Cristian no son una excepción. Según un informe del Ministerio de Educación nacional, el 58% de los chicos de secundarios estatales no tiene acceso a una computadora.

Para los que concurren a instituciones privadas, la cifra se reduce al 21%. "Estamos frente a una crisis con un saldo negativo enorme en términos de aprendizajes", explica Agustín Porres, director para América Latina de la fundación Varkey. "Los contextos de vulnerabilidad son donde la escuela resulta más necesaria. Representa la oportunidad para que los hijos superen la trayectoria de los padres", agrega Porres, que se define como un defensor "total" de la presencialidad educativa cuando se trata de un país, como la Argentina, donde la conectividad no es una posibilidad para todos.

¿Y por casa cómo andamos con la conectividad?

Por nuestro lado no es distinto. Chicos de la zona rural que no solo han perdido la comunicación con sus pares, sino también han visto frenado su ritmo de educación. Hay zonas del Partido de Benito Juárez (o de esta región) donde las señales telefónicas no son las mejores y tras de eso las prestadoras del servicio de internet no abarcan lo que se necesita. Para colmo de males, la situación económica de muchas familias también agiganta el problema.

En todos los hogares hay un celular, dicen algunos, pero no recuerdan que no en todos los hogares hay dinero para mantener el ritmo del consumo de internet donde hay estudiantes.

Los ejemplos de Santi y Cristian

"El día escolar de Santi es ordenado y previsible. Está pautado alrededor de un calendario de clases virtuales que recibe con anticipación. La materia de dibujo va de 8 a 8.50. A las 9 arranca la de Ciencias Sociales, que sigue con auriculares y desde una computadora de escritorio. La profesora explica que ese día verán las diferentes teorías que existen alrededor de la evolución del hombre, desde la creacionista hasta las científicas".

"Harán un foco especial, continúa, en el aporte de las mujeres. "Mi tía es científica, busca una cura para el cáncer", aporta uno de los compañeros. La última materia de la mañana arranca a las 11. Es una prueba de Ciencias Naturales que Santi realiza online y sin problemas. Cada tanto, sus padres abandonan los puestos de trabajo en otros cuartos de la casa y se acercan, pero la contención del colegio es suficiente. Santi no los necesita".

"Cristian, en cambio, avanza como puede en las tareas que recibe en el celular familiar y luego imprime en un kiosco. Ocupa la mesa de un espacio sin paredes y con techo de chapa que funciona para todo lo que no sea dormir".

Estudiar no es fácil para Cristian, ni para tantos estudiantes en igualdad de condiciones. "Cristian y su madre se estancan en un ejercicio de matemática que no logran comprender. Utilizan una calculadora científica, pero siguen sin poder resolverlo. Cuando María le escribe al WhatsApp, la profesora le contesta que ese no es su horario de consulta. Resignado, Cristian pasa al siguiente ejercicio".

Problemas que no trascienden, pero perjudican

Así estamos viviendo en la actualidad frente a una situación generalizada a nivel mundial, por el Covid. Distinta a otros países del mundo donde la educación y la salud son bienes preciados. No es similar a nuestro país, lamentablemente.

En el nuestro se suceden los gobiernos y se van trasladando culpas sin importar que cuentas las soluciones y no las acusaciones. Quizá la no presencialidad puede ser importante para cortar o atenuar los contagios, en un país con todos los servicios y beneficios para la educación virtual.

Argentina no está preparada para asegurar la igualdad. Se requiere un tratamiento especial para cada región y para casos puntuales. No obstante, el tratamiento que se le da a la educación en tiempos de pandemia es a través de decisiones generalizadas y ahí, no solo se resiente la educación en general, sino también la calidad educativa de los estudiantes que no cuentan con todo lo que se necesita para alcanzar objetivos.

Vemos en nuestro pueblo, docentes que a cualquier hora del día están respondiendo a sus alumnos en forma virtual, sin embargo, "cuando María le escribe al WhatsApp, la profesora le contesta que ese no es su horario de consulta. Resignado, Cristian pasa al siguiente ejercicio". No es lo mismo, nuestros docentes siempre atienden, por lo tanto, nos formamos una opinión positiva sobre la tarea del maestro en el modo virtual.

La diferencia está generando una tragedia de desigualdad en la educación.

No hay que buscar excusas para fundamentar decisiones. Hay que buscar soluciones que lleven a la igualdad de los estudiantes y en definitiva a una justa y merecida educación, con inclusión igualitaria.

jacntero@elfenixdigital.com

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Feliz Cumpleaños Andres !

14/06/2021 20:06:00

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