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"Ventanas al alma: Mirando más allá del cristal"

Por Florencia Menna

15 de enero de 2025 09:58:00

"De chiquilín te miraba de afuera

Como a esas cosas que nunca se alcanzan

La ñata contra el vidrio, en un azul de frío

Que solo fue después viviendo igual al mío."

Cafetin de Buenos Aires - Edmundo Rivero

Al igual que en el verso de este tango, siempre me ha gustado mirar a través de las ventanas e intentar adivinar, a través de lo que percibo, cómo es la vida de las personas que viven en esa casa. ¡Ojo! ¡No soy fisgona ni espía! ¡Quizás un poco curiosa, lo admito!

Cuando salgo a dar mis habituales paseos por la ciudad, me atraen las hermosas ventanas redondeadas de las casas estilo victoriano, que cuentan con diversos paneles, algunos incluso con vitrales antiguos. A través de ellas, observo los objetos que decoran la habitación que hay detrás del cristal tales como sillones, algún adorno que resalta del resto, candelabros de bronce con velas blancas estilizadas, un jarrón de porcelana en tonos azules y blancos, con un enorme ramo de flores naturales, etc.

Más allá de ser una simple abertura en una pared para iluminar y permitir la entrada de aire en el ambiente, una ventana es un portal hacia otros mundos. Representa el límite entre lo conocido y lo desconocido, lo privado y lo público. Esta idea se refleja en las innumerables historias que he presenciado a través de ellas y hoy quiero contarles algunas de las que más me han atraído y llenado de emoción mi alma.

De las más hermosas y recientes, digna de una escena de película navideña: la chimenea encendida, el borde superior de la misma decorado con muérdago y, de ellas, colgando medias de colores. Sillones de cuero estilo Chesterfield y en ellos, una familia sentada, con sus coronas de papel de colores, jugando a adivinanzas después de su cena de Navidad, que se veía desde la otra ventana, la mesa ya desaliñada y algunas copas a medio beber y las servilletas desordenadas sobre el mantel. Otra con similar emoción era una, en medio de mi calle, donde un señor mayor tocaba villancicos en su piano de cola. En ambos casos, predominaba el enorme árbol de Navidad decorado elegantemente como protagonista al frente de la misma.

Una más cotidiana, fue ver una familia sentada a la mesa del comedor, cálidamente iluminada por una lámpara baja que colgaba del techo. Los niños hacían los deberes mientras su madre les servía la merienda y su padre conversaba con ellos, probablemente de cómo habría estado su día en la escuela.

Otras, en cambio, con un tono más triste como la que vi de una anciana sentada en un sillón mirando hacia afuera desde la ventana de la residencia donde ahora vive. O la de aquel hombre, postrado en una cama ortopédica, entibiado por el sol que entraba por el cristal. Ambos miraban hacia la calle con mirada infinita pero esperanzada al verme pasar y saludarlos con mi mano y una sonrisa afectuosa. Tal vez yo era la única persona que veían ese día y eso les devolvía la ilusión de ser vistos por alguien diferentea las personas que los acompañan a diario.

¡Pero hay una que es mi favorita! Es una casa blanca con una puerta roja y dos enormes ventanales a cada lado. Desde la de la izquierda, se aprecia el living, con un sillón individual de pana color rosa viejo donde suele verse a una señora mayor sentada observando frente al doble ventanal, el verde y luminoso jardín. Por la tarde, se la ve desde la otra ventana, la de la biblioteca. ¡Sí, una enorme biblioteca blanca que ocupa toda una pared hasta el techo! Allí se la ve sentada en un gran sillón de pana color habano, leyendo uno de esos innumerables libros.

Luego están los que yo llamo "simpáticas", donde se ve a uno o varios gatos o perros mirando por la ventana. Y otra no tanto, sino más bien de Hitchcock o Edgar Alan Poe, donde se pueden ver, acechando, varios pájaros, entre ellos un cuervo embalsamados, en lo alto de la ventana. Las cortinas están siempre cerradas y, para ser sincera, trato de no mirar porque me da escalofríos cada vez que paso por allí.

Debo confesar que mi mayor placer es soñar que, algún día, seré la protagonista de una de esas escenas, especialmente la familiar, y la observaré y disfrutaré desde dentro.

Cada ventana es una invitación a la empatía, un recordatorio de que detrás de cada cristal hay una vida con sus alegrías y sus penas. La próxima vez que pases frente a una ventana, detente un momento y observa. Quizás detrás de ese cristal encuentres una historia que te conmueva, una sonrisa que te contagie o una mirada que te invite a soñar.


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