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Sara Morgani: "Desde que llegué a Benito Juárez, busqué conocer a la gente..."

22 de enero de 2026 14:46:00

Hace cerca de 10 años entrevisté a Sara Beatriz Morgani en un programa de radio, esta vez charlamos para nuestros lectores de El Fénix. "Sarita", como le decimos la mayoría, es muy conocida, querida y respetada. Hoy trataremos de conocerla un poco más a través de esta entrevista.

¿Cuánto hace que se siente juarense?

Desde el 2013 que tuve la suerte de venir a conocer Benito Juárez. Ya me enamoró esta ciudad, así que creo que desde el primer día que pisé este suelo.

¿Por qué eligió Juárez para radicarse?

Elegí Juárez por gracia de Dios. Antes de Juárez estuve buscando San Antonio de Areco, Junín, no tan lejos de la capital y de mi familia, pero el destino quiso que sea Benito Juárez.

Acostumbrada al ruido de la gran ciudad, venir a una ciudad como la nuestra, ¿le costó adaptarse?

No, no extraño, al contrario, no veía la hora de irme cuando me jubilé, debido a que siempre fue muy difícil vivir en capital. Es más, yo venía de la localidad de San Justo, provincia Buenos Aires, ahí donde me crié en la infancia, y me casé con el papá de mi hijo, el único hijo que tengo, cuando tenía dieciséis años, y él vivía en Flores, capital. Así que me fui a vivir ahí, año sesenta y nueve, éramos muy jóvenes. Y después, estudiar, trabajar y me quedé hasta que me jubilé. Pero toda la vida dije yo, el día que no trabaje más, me voy. No sabía dónde. Pero, bueno, acá estoy feliz.

Enfermera de profesión, ¿acá sintió deseos de hacer algo o ya hacía mucho tiempo que estaba jubilada?

En el año 1977 me recibí en una escuela privada. "Padre Luis Teza" en Capital y por suerte a los seis meses de estar estudiando ya tuve mi primer trabajo, con la condición que al recibirme debía presentar el título para continuar. Entré en la clínica Basterrica de Barrio Norte, en el piso donde estaba el doctor Matera. Yo tuve mucha suerte en la vida. Entré así, arriba, nada de una guardia chiquita, no, entré a lo grande, estudiando, pero como a mí me gustaba tuve la suerte de seguir aprendiendo ahí y trabajar dos años con esta eminencia que fue el doctor Raúl Matera. Realmente, agradezco a la vida tantas cosas lindas. Más allá del esfuerzo mío, era difícil, yo ahí ya estaba separada de mi primer marido y con mi hijo a cuesta, éramos muy jóvenes y bueno yo aspiraba a tener lo que nunca tuve y no hubo acompañamiento, entonces a salir a la vida con un hijo, estudiar, trabajar y criarlo, así fue.

Me jubilé en el 2012, 2012-2013 por ahí comenzó mi jubilación que se tornó en un terrible desastre porque en el gobierno de la señora Cristina Kirchner éramos varios, yo trabajaba en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y éramos varios que estábamos en una lista negra, pero bueno no valoraron el trabajo, sino la ideología política. Yo no hacía política en mi trabajo, pero si fuera de mi horario por supuesto. Y cuando llegó el momento de la jubilación me quitaron los últimos 10 años, entonces por eso tardó en llegar mi jubilación y el regalo que me hicieron fue ponerme en moratoria en el famoso ama de casas que salió en 2012-2013, o antes, no me acuerdo, sé que antes que llegue yo a los 60 ahí me pusieron como ama de casa.

He llorado, he luchado para recuperar mi jubilación, cosa que al día de hoy no pude. Lo que sí pude recuperar, porque me moví mucho fue mis últimos 10 años que me habían robado, entonces en un archivo provincial que, era por 3 de febrero, estaba mi legajo original. Me lo entregaron, lo llevé a ANSES Capital pero ya era tarde. Pasaron unos meses y me confirmaron que ya estaba, mi jubilación preparada como ama de casa. Voy a tener que mentalizarme así, que me robaron y que voy a seguir cobrando lo que cobro de ama de casa, la mínima, como todos, cobro el bono, 37 años trabajando de enfermera, en áreas de terapia intensiva, con plus en los sueldos, en fin, ya está. Era llorar y pasarla mal y un día dije basta, yo tengo otros recursos que me los hice ganándome la vida y voy a suplantar lo que me falta de jubilación con un alquiler y así fue y así vivo. Ahora me casé, es otro tema, pero sigo con lo mío, sigo alquilando mi casa para completar lo que yo estaría cobrando como enfermera y con lo que cobro de alquiler me conformo.



¿Qué fue lo que más la alentó a radicarse en Benito Juárez?

Sin dudarlo, la ciudad tan hermosa, tan limpita, viéndola por fotos a través del Facebook de Néstor Larrea, que esa es otra historia por la cual yo estoy acá, pero realmente maravilloso. He vivido en Provincia de Buenos Aires, en Moreno, donde nací; en Florencio Varela, donde tuve mi primera casa, porque tenía mi tío allá y enfrente pude comprar un lote, los materiales y así logré tener mi primera casa en Bosques, Florencio Varela.

¿Pudo hacer amistades rápido?

Cuando tenía conversaciones con Néstor Larrea, él me decía, Sarita, escuche, por ejemplo, a un bombero que tiene un programa en la radio, los días jueves, y así empecé. Escuchaba a Juan Marino, que aún está de cuartelero. Me divertía mucho con Juan Marino. Le pedía canciones, y le decía, me voy a ir a vivir ahí, entonces él me decía, bueno, yo voy a hablar en el cuartel, así cuando usted venga, nos visita para conocerla. Fueron dos meses, que tardé en venir a Juárez, en 2013.

También ayudó a familiares suyos a radicarse en Juárez y alentó a su actual esposo. ¿Qué les dijo para convencerlos para que vengan?

Con respecto a mi hermana y mi cuñado, viven en Chivilcoy, se volvieron a Chivilcoy. Mientras mi casa estaba en venta, pregunté si alguien podía vivir ahí, mi hermana, quería probar acá y también les gustó Juárez, conocieron al intendente. Mi hermana le dijo a Julio Marini que era la primera vez en su vida que ella y mi cuñado, podían sentarse y mirar a un intendente o charlar.

Buscando casas, estuve un año y medio. Venía cada tres meses, al Hotel Juárez, me quedaba tres días. Conocí a Néstor Larrea en persona, a Mari, su esposa, y a la media hora tenía una invitación con los bomberos. Fue un recibimiento hermoso de Miguel Canales con varios del Cuerpo Activo. En ese momento vivía Estela, bombero en ese momento, un sol. Traje una Virgen de Luján al cuartel, y se la dieron a ella porque era la única y no tenía la Virgen en su vestuario. Y ahí estaba un grupo maravilloso de bomberos.

Y con respecto a Ricardo, lo conocí en Mar del Plata. En un triste homenaje del submarino ARA San Juan. Yo soy amiga de una familia de Olavarría, que perdió un hijo ahí. También soy amiga del ex comandante de ARA San Juan, el Capitán Guillermo Tibaldi, una eminencia de persona, excelente. Ahí conocí a Ricardo. Cuatro años después, él decidió venir. Venía, estaba dos días y se iba. Era una amistad, al principio.

La decisión fue un poco de él. Cuando llegó el momento de formar pareja, yo siempre le dije, a mí Mar del Plata no me gusta el mar, no me gusta el bochinche. Si un día formamos pareja que sea en Benito Juárez y así fue, antes de venir ahora definitivo y casarnos. Pero antes fue así, idas y venidas, como toda pareja. En Benito Juárez, a él también le brindaron y le brindan mucho cariño, cosa que en Mar del Plata ni en ningún lado lo han hecho. Esa parte creo que él la dijo y es así. Cada momento lo pasa muy bien por los reconocimientos, por el respeto que le tienen y hablo de todos los niveles, de todos los niveles. Así que bueno, muy lindo, muy lindo todo lo que vivimos en Juárez.

A poco de radicarse aquí, me contó de su militancia radical, no obstante, logró muy buena relación con el actual Jefe Comunal. ¿Cómo sucedió eso?

Con respecto al jefe comunal, Julio Marini, yo vine a conocer una casa, creo que era la segunda vez y Néstor Larrea era muy amigo de él, y me dijo, tendría que conocerlo. Si quiere, dijo, yo le pido una audiencia. Bueno, le dije, no sé si me va a aceptar, yo soy radical. Pero no vengo a hacer política. Ellos saben bien quién soy yo, yo no oculté nada. Siempre tuve respeto y siempre me han respetado. Néstor me dijo, están los carnavales, quédese, porque yo me iba. Y ahí conocí a la escribana, Alejandra Tachella. Ella tenía la mayoría de las casas que yo buscaba particular, con inmobiliaria, también me presentaron a José Luis Elizalde, aunque él estaba en Bomberos, también me ofreció casas, me acompañaba.

Y así conocí al intendente, lleno de espuma, en el corso. Yo miraba y buscaba a un señor de traje, y venía lleno de espuma, rodeado de dos o tres muchachos vestidos de mujeres. Tengo la foto, no lo podía creer. Cuando vino Julio y se presentó, me llenó de espuma al abrazarme, saludarme, él lleno de espuma.

Todos los fines de año, Martín Ledesma pone en WhatsApp la invitación para el brindis que se hace de fin de año en la unidad básica. Y Martín Ledesma, también otro ejemplo que vi: cuando llegué acá él andaba en una bicicleta de OCA. Con lluvia, viento y yo no sabía que era concejal. Después un día fuimos con Ricardo al museo de Julio Marini, le llevó de regalo un almanaque que solamente lo tiene la Armada, es de la Aviación Naval donde Ricardo estaba y compró varios, uno para Martín Ledesma, otro para Julio Marini y el otro para Mariano Labriola, que también lo conoció. Y Mariano también anduvo por la Marina.


Yo la conocí gracias a Néstor Larrea, un gran amigo y buena persona. ¿Qué recuerda de esa amistad?

Néstor Larrea... me emociona con esta pregunta. El recuerdo triste de aparecer yo en Juárez a través de una que escribió y se hizo viral. Yo sentí que pedía ayuda. Le escribí por Messenger sin saber quién era y para ver por qué esa carta llena de dolor, y era la de su hija Lucrecia. Él me contó, me dijo que era de Benito Juárez. Aunque sea lejos, porque yo no buscaba casa tan lejos, le dije, voy a ir igual, voy a ir a conocerlo.

Ese día, cuando llegué, usted también estaba ahí lo conocí a usted, a todo el plantel de la radio (le dijo a este cronista). Néstor, me invitaba con los suegros, a la casa de la mamá, vivía el papá todavía. Maravilloso. Pensar que vine acá porque encontré esa carta viral y por eso estoy en Juárez. Dios se lo llevó joven a Néstor. Qué increíble esto, ¿no? Yo vengo y él se va. Son personas que no se olvidan, alguien muy humano con una familia extraordinaria. Le guardo el mayor de los respetos y el recuerdo por siempre.

También tiene amistades en Bomberos, Sarita, y algunos de los chicos ayudaron en su mudanza, son cosas que no se olvidan...

Cuando yo vine traje San Cayetano para Néstor, de la iglesia de Liniers, una imagen grande y otra de la Virgen de Luján para los bomberos. Y cada tarde de los días que yo venía para acá, iba a tomar mate y llevaba facturas y pasábamos la tarde.

Ahí conocí a Estela, era la única mujer, Bruni, Sandro Ferrari, Chicho Sasali, los que más recuerdo. Javier Infantino, Carlitos Márquez, Juan Marino, por supuesto, Víctor Riganti, Conte, muchos están jubilados ahora. Todos, lindas personas.

Miguel Canale me buscaba casas. Yo le decía, más o menos, entonces me daba la dirección y yo anotaba y cuando venía para acá empezaba a buscar las casas que me habían mencionado y así llegué a la que encontré ahí en la Avda. Constitución, al lado de Los Paquitos, de Julio Cárdenas.

Y con respecto a la pregunta, sí me ayudaron. A buscar casa y la noche de la mudanza, llegamos acá, once y media de la noche, y estaba Sandro Ferrari, sentado en la puerta, fumando, esperándonos, porque Miguel Canales, el jefe de bomberos, había dicho a la hora que llegaba el camión, para ayudar a bajar. 3:30 de la madrugada llegó el camión, del día treinta y uno de diciembre.

Después vino Miguel y varios bomberos más. Me asombró la rapidez para bajar las cosas. Camión con acoplado, completo, creo que lo bajaron en una hora. Siempre estoy con ellos. Siempre hablando con Miguel Ángel Canale. Teníamos una casa en San Clemente, y yo le dije a Miguel: quiero hacer seis regalos para seis familias de bomberos. Que aprovechen un verano. No se alquila, se las dejo para que usted haga un sorteo. Creo que eran cincuenta y dos, y el que se lo gana tiene siete días gratis. Solamente tienen que pagarse el viaje y la comida, después tienen todo. Así que eso también se hizo. Y de los seis creo que fueron tres nada más, los otros tres no pudieron.

Donde hay sentimientos, valores, respeto, entre otras cosas, allí está usted para hacer su aporte...

Es así. Así como usted me conoció, así soy y seré hasta el día que me muera. Porque esas cosas no se pierden, al contrario. Creo que se van alimentando de personas que uno sigue conociendo. Y los valores se tienen en todos los sentidos. En la amistad, en la familia, en la persona que uno no conoce, que tuve la suerte de conocer, porque yo me propuse conocer cuando militaba en la Unión Cívica Radical, apenas llegué acá. Había un grupo, todavía estaban todos juntos. Gamaleri, Marcos Díaz, estaban todos ahí en Zibecchi. Pues yo dije, tengo que conocer gente. Entonces me presenté y, bueno, estaba afiliada al partido. Y ahí encontré un grupo muy lindo. Después se separaron, pero yo seguí. Y donde me invitaban, allá iba.

Tengo 73 años. No oculto la edad porque los tengo. Que no lo aparente es otra cosa, pero se sienten. Se sienten en trabajos que uno hace. Por ejemplo, la colocación del mástil, el pozo y todo eso lo hicimos entre Ricardo y yo. Entre los dos. La mezcla, los cascotes. Y ya no estamos para eso. Uno se da cuenta. Pero se entusiasma. Queríamos hacerlo nosotros dos y después, si había que llamar a un albañil para hacer una carpetita arriba, ya está. Pero lo difícil lo hemos hecho entre los dos. Y creo que es parte de la vida. Y muchas cosas encierran todo esto que usted me pregunta. Los valores, el respeto, que es mutuo.

Una vez en el Consejo Deliberante me encuentro con un señor mayor que estaba sentadito solo en un palco. Me siento al lado. Y él me dijo, me dijo, ¿usted de qué partido es? Radical, le dije. Me dice, ayer asumieron. Hoy asume el intendente. Y le digo, yo elegí esta ciudad. Y el intendente ya estaba, ahora volvió a asumir de nuevo. Y voy a estar, sea quien sea. Porque es el lugar donde yo vivo. Y yo tengo que respetar a la persona que está acá.

Yo tenía cuatro o cinco revistas que no se conseguían, de cuando murió Perón. Y a un amigo que tenía kiosco de diarios, le encargué las revistas. Porque estaban las fotos de la muerte de Perón, del sepelio. Había sacado siete días una revista de oro, que le llamaron. Todo esto está fundamentado. Pueden ir al museo de Julio Marini. Y ahí están las revistas. Yo se las regalé. Las tenía porque fue un presidente de la Argentina. Si bien no era de mi partido, fue presidente de la Argentina. Está en la historia.

Y tengo todo. Tengo de Alfonsín, lo de Ilia. Y bueno, le tocó a Perón. Y se las regalé. La verdad, se las regalé a él. Bueno, así es el respeto y los valores. Que van a morir conmigo, porque eso no se pierde nunca, José.

No es PORTEÑA, pero "vino de allá cerca", ¿volvería a elegir Juárez?

No, no soy porteña. Agradecida a los porteños, porque toda la vida trabajé ahí. Me han brindado trabajo, si bien yo lo buscaba. Antes de ser enfermera fui Mucama, Mucama de dos sanatorios. Trabajé en una fábrica de cajitas de perfumes, trabajé en limpieza. Hice muchas cosas, todo en Capital. Estudié peluquería y lo mío, que era enfermería.

Cuando murió mi padre en un hospital de capital, joven, 47 años, él no vivía en capital. Con mi hermana, lo llevamos al Hospital Argerich. Y yo ahí cuidándolo a él, dije esto es para mí, tengo vocación de enfermera. Ya había estado de Mucama y me gustaba siempre estar con las enfermeras, ayudándolas.

Volvería a elegir Juárez, con ojos cerrados, totalmente, porque conocí, y sigo conociendo cada rinconcito de Juárez, y me gusta la gente, me gusta la gente del campo. De Tedin, adoro ese lugar, yo me hubiera ido a vivir ahí. Bunge, Roldán, tengo amigos ahí. Arévalo, una gran persona que vive en Roldán. No hay otra ciudad como esta.



Sarita, ¿Qué mensaje tiene para los juarenses, aunque ya se siente una más?

Bueno, acá viene la parte más emotiva. Tengo el mejor mensaje que puede tener un ser humano: decirles gracias a todos, a todos los que conozco, los que me conocen y quizás yo no conozca, porque mucha gente me conoce a mí es más fácil.

Me han visto de repente, con Roberto Moscardi, cuando con Juan Correa, que también falleció, tuvimos que ser tutores, nada más y nada menos, cuando quería irse del Hogar de Ancianos y tuvo que actuar el Juez de Paz de acá, porque el hijo no quería que volviera a la casa. Entonces, yo ofrecí mi casa y un conjunto de amigos de Roberto, seis eran en total, iban a a pagar una persona para que lo atienda hasta, encontrar una solución con el hijo.

El juez necesitaba tutores y fuimos con Juan los dos, y nos presentamos acá en el juzgado y fuimos tutores, el último año.

El treinta y uno de diciembre lo sacamos y vino momentáneamente con un grupo de muchachos, entre ellos Patricio Angulo, y un grupo que lo conocía a Roberto de cuando estudiaban en la escuela técnica y Roberto les enseñaba. Lo adoraban. Ese grupo le consiguió silla de ruedas, le consiguió un hogar en calle Brown.

Y hoy en día, la vida hizo que yo vuelva a cruzarme de nuevo con Patricio Angulo y su familia, lo adoro a Patricio. Se puso Patricio de Moscardi en honor a Roberto.

Gracias a todos, a todos por abrirme las puertas de muchos hogares, de muchos. Por la calidez con que me recibieron. Soy afortunada de que Dios me trajo a este a este lugar. Este es el paraíso, yo le digo a todo el mundo, vivo en el paraíso de Benito Juárez, con gente que no la voy a cambiar por nada del mundo.

Le agradezco mucho su tiempo y su atención.

Quiero expresar mi gratitud por poder vivir rodeada de gente maravillosa, como usted, que me ha brindado oportunidades en la radio y ahora en el diario El Fénix. No puedo pedir más que agradecer a todos y reafirmar que me quedaré en Benito Juárez hasta el final de mis días. Aunque tengo familia en otros lugares, este es el hogar que elegí.

jccantero@elfenixdigital.com

Fotos: Claudia Cobeaga

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